Las falacias del neoliberalismo
Las falacias del neoliberalismo
Pablo Dávalos
Creo que hemos cometido un error con respecto al neoliberalismo: tratar de comprenderlo, asumirlo y proyectarlo como una ideología del libre mercado y que, en función de ello, quiere trasladar hacia el mercado todas las instituciones que hacen la regulación social y, por tanto, desplazan al Estado y propugnan su virtual desaparición o, en todo caso, su presencia como mínima expresión.
Es un error porque la realidad geopolítica da cuenta que hay algo más allá que no hemos visto. En efecto, si se aprecia el movimiento general del capitalismo y cómo surgen nuevos polos de desarrollo capitalista que desafían a sus centros más importantes, en la ocurrencia el capitalismo de EEUU, los países occidentales de Europa y Japón, sobre todo si apreciamos la emergencia económica de China, India y Rusia, entre otros, podemos comprender las visiones geopolíticas implícitas al neoliberalismo.
Ante el avance de China en términos tecnológicos e industriales, el gobierno de EEUU no ha tenido ningún problema en adoptar una estrategia proteccionista. Así como ante la crisis financiera del 2008 la Reserva Federal de EEUU no tuvo ningún problema en convertirse en Banco Central global y, en esa perspectiva, transformarse en prestamista de última instancia para toda la banca especulativa global e imprimir cantidades siderales de dólares sin importarle en lo más mínimo las consecuencias inflacionarias. Lo mismo con la guerra de Rusia-Ucrania. EEUU quieren extender ese conficto y convertirlo en conflicto global a nombre de la paz y de la democracia de Occidente. Es decir, hay una utilización sinuosa de los discursos que enmascaran posiciones de poder y dominación geopolítica y creo que esa debe ser la referencia básica del neoliberalismo.
Si se parte de una proyección a largo plazo de los procesos que ahora definen al capitalismo parece evidente, al menos con los datos existentes, que China desplazará a EEUU como la principal potencia económica del mundo en los próximos años. No solo eso sino que China también está embalada en la carrera espacial y espera para antes de 2050 contar con una base permanente en la Luna. También son importantes sus avances en tecnología y empieza a convertirse en el país dominante en la producción, distribución y comercialización de vehículos eléctricos. Pero China es capitalista en la forma pero comunista en su sistema político. China es, en ese contexto, el gran contradictor de EEUU como, en su momento, lo representó la desaparecida Unión Soviética. Los globalistas de EEUU no ven a China ni como socio ni como aliado, sino como amenaza.
Si EEUU pudo dominar al mundo y convertirse en potencia hegemónica fue porque pudo controlar la producción capitalista y sus correspondientes mercados y control monetario. Si EEUU pierde esa capacidad será desplazado de su posición hegemónica, porque esa hegemonía depende directamente de su economía y, a su vez, esta depende de la producción y de sus finanzas.
Pero si EEUU es desplazado de su posición hegemónica, entonces, ¿qué validez para el discurso neoliberal? Es decir, si en unos años China efectivamente se convierte en la nueva potencia industrial y conjuntamente con sus socios del BRIC pueden desplazar la hegemonía del dólar y de la producción norteamericana e instauran una nueva dinámica en la economía global, ¿es pertinente el discurso neoliberal al menos en su formato más tradicional? ¿Va el discurso neoliberal que plantea la economía de mercado a legitimar la nueva disposición de relaciones de poder en la economía global? ¿Van los neoliberales a considerar justo, legítimo y única realidad posible la hegemonía capitalista de China y sus aliados y el desplazamiento de EEUU?
Así como ahora el discurso neoliberal lo procesan las grandes multilaterales de crédito, los grandes medios de comunicación, casi todo el sistema universitario global y una enorme constelación de think tanks, ¿es de suponer que todo ese entramado ideológico global va a legitimar esta vez el predominio económico de China y sus aliados?
Es difícil que eso ocurra. El discurso del neoliberalismo está muy apegado a Occidente. Su fuerza está en la fuerza económica, diplomática, militar y tecnológica de Occidente. El neoliberalismo menciona a los mercados como reguladores sociales pero son mercados de occidente, son empresas de occidente, son lógica de occidente. ¿Van a operar con la misma fuerza ideológica ante empresas que no sean de Occidente? Lo más probable es que no. El neoliberalismo tiene la pretensión de ser un discurso global pero, en realidad, corresponde a la geopolítica de EEUU y su área de influencia, es decir, aquello que se denomina “Occidente”.
Pongamos un ejemplo. La empresa Tesla de autos eléctricos es una empresa emblemática de Occidente. Representa una visión empresarial de Occidente. También representa un ethos: aquel del empresario schumpeteriano asumido como una especie de Prometeo moderno. El discurso neoliberal calza a la perfección con el modelo de negocios de Tesla. Pero Tesla tiene competidores serios en China, por ejemplo los casos de BYD y de XIAOMI. Esta última empresa, como Tesla, empezó en el área de comunicación y tecnología y ahora apunta a lo mismo que Tesla, a la autoconducción por la vía de la integración de la Inteligencia Artificial, las redes sociales y los autos eléctricos. XIAOMI tiene una capacidad de producción de un auto cada 76 segundos, porque ha robotizado todas sus líneas de producción. Tiene un mercado importante en China y en Asia y, además, forma parte de la visión de China como competidor importante de EEUU y como parte de la nueva hegemonía mundial que, de una manera u otra, el Partido Comunista Chino ha pensado para su industria y para su país. ¿Calza el modelo XIAOMI dentro del mainstream neoliberal? ¿Ven los neoliberales las mismas virtudes en XIAOMI que ven y ponderan en Tesla?
Pienso que no. Los neoliberales de Occidente ven en XIAOMI una amenaza. ¿Por qué? Porque se trata de China y en China el poder real lo tiene el partido comunista. Si XIAOMI fuese coreana (del Sur por supuesto) o japonesa no habría ningún reparo para el discurso neoliberal que asume que esos países también forman, con sus particularidades, Occidente. De esta forma, el discurso neoliberal habría suscrito, quizá con algunas mediaciones, los logros de XIAOMI en el caso que fuese japonesa o coreana. Pero cuando la Administración Biden, a mediados de 2024 impone medidas arancelarias a los autos eléctricos y a otros bienes tecnológicos de China, entonces el discurso neoliberal no asume a plenitud sus contenidos.
Hay otros ejemplos: la prisión a la directora de finanzas de la empresa china Huawei en Canadá y a pedido de EEUU y acusada de espionaje. El caso de la prohibición de venta de tecnologías claves para fabricar chips a China por parte de EEUU. Así, Occidente es proteccionista y keynesiano cuando ve que sus intereses se ven amenazados pero no por eso deja de suscribir el discurso del neoliberalismo.
Por ello, el neoliberalismo, como discurso, solamente tiene plena vigencia como discurso de Occidente. Aunque tiene pretensiones de universalidad, pero es una construcción ideológica hecha en función de la dominación global de EEUU sobre el mundo. A medida que esa dominación global decaiga y aparezcan otras potencias hegemónicas, el neoliberalismo pierde su fuerza. Por eso, es difícil que el neoliberalismo permita una nueva hegemonía global de China, por ejemplo.
Esa pretensión del mercado como “realidad total” en realidad era puro mecanismo ideológico de legitimidad de la dominación de Occidente, un simulacro más con pretensiones epistemológicas. Sin embargo, ante la inminente posibilidad de ser desplazado de la hegemonía global por el ascenso de China y sus aliados, EEUU no tiene otra opción que defenderse utilizando al Estado. A ese mismo Estado que los neoliberales habían asumido como un peligro se recurre para defenderse del mercado. La ideología de “más mercado” como alternativa de solución a varios problemas sociales solamente tiene pertinencia si es un mercado para Occidente, para EEUU. “Más mercado” para abrir los mercados a la dominación mercantil de China y de su partido comunista no suena muy neoliberal.
Con esa advertencia habría que leer al discurso neoliberal como una trampa ideológica y un simulacro teórico. Su apelación al “Estado mínimo” solo puede caber cuando se trata de Occidente. Cuando tiene que confrontarse con China pierde eficacia política. Es un discurso cuya episteme tiene geometría variable.
Sin embargo, sin el neoliberalismo, ¿cómo legitimar al capitalismo tardío? ¿Cómo justificar la enorme transferencia desde el sector público hacia el sector privado? ¿Cómo volver legítima la obscena concentración del ingreso de los tecno-oligarcas? ¿Cómo procesar el discurso de la escasez como operador político? Ese es el gran enigma ideológico del capitalismo tardío. Por eso su apuesta al fascismo y al imperialismo.


0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio