viernes, 4 de abril de 2025

Conversaciones con @Grok sobre el Impacto de los Aranceles de Trump

 Conversaciones con @Grok sobre el Impacto de los Aranceles de Trump

Publicado en pablo-davalos.blogspot.com - Abril 2025

En esta entrada, comparto una conversación fascinante con Grok, una IA desarrollada por XAI, sobre cómo los aranceles propuestos por Donald Trump en 2025 podrían transformar el comercio global. Desde el volumen de las importaciones chinas hasta el impacto en gigantes como Apple y Tesla, y el auge de sus rivales Huawei y BYD, exploramos datos, estrategias y consecuencias inesperadas. ¡Aquí va!

@grok, en términos de PIB cual es el volumen de las importaciones que China hace a EEUU?

 

Para responder a tu pregunta sobre el volumen de las importaciones que China hace a Estados Unidos en términos de PIB, necesitamos considerar tanto el valor de las importaciones como el PIB de China, y luego expresar las importaciones como un porcentaje del PIB.

Paso 1: Datos relevantes

Importaciones de China desde EE.UU.: Según datos recientes del Observatorio de Complejidad Económica (OEC) para diciembre de 2024, China importó $15.3 mil millones (o $15,300 millones) desde Estados Unidos en ese mes. Para obtener una estimación anual, podemos extrapolar este valor. Si asumimos que las importaciones mensuales son relativamente consistentes a lo largo del año (lo cual es una simplificación, ya que pueden variar), multiplicamos por 12:

$15,300 millones × 12 = $183,600 millones (aproximadamente $183.6 mil millones) en 2024.

Sin embargo, datos anuales más completos de 2023 muestran que China importó $154 mil millones desde EE.UU., lo que sugiere que la cifra de 2024 podría ser mayor debido al incremento reportado ($388 millones más entre diciembre 2023 y diciembre 2024). Para ser conservadores y basarnos en datos anuales confirmados, usaremos el valor de 2023 ($154 mil millones) y ajustaremos con el crecimiento observado.

 

PIB de China: El PIB nominal de China en 2023 fue de aproximadamente $17.79 billones de dólares (según el Banco Mundial y otras fuentes como el FMI). Para 2024, las proyecciones varían, pero asumiendo un crecimiento nominal modesto (alrededor del 4-5% anual), el PIB podría estar cerca de $18.5 billones en 2024.

 

Respuesta final

El volumen de las importaciones que China hace a Estados Unidos representa aproximadamente 0.9% a 1% del PIB de China, dependiendo del año y las estimaciones utilizadas. Para 2023, es cerca de 0.87%, y para 2024, podría acercarse a 0.99% si se confirma el incremento en las importaciones y el crecimiento del PIB proyectado.

Esto refleja que, aunque el comercio con EE.UU. es significativo en términos absolutos, representa una fracción pequeña del PIB total de China, dado el tamaño masivo de su economía. ¿Te gustaría que profundice en algún aspecto o ajuste los datos con otra fuente?


 

¿Puedes decirme cómo impactarían economicamente a China los aranceles de Trump?

 


Claro, puedo analizar el impacto económico potencial de los aranceles de Trump sobre China basándome en la información disponible y en tendencias económicas generales. Aunque no tengo datos exactos posteriores a abril de 2025 (mi fecha actual es 04 de abril de 2025), puedo ofrecerte una evaluación fundamentada con base en lo que se sabe hasta ahora y en proyecciones razonables.

Contexto de los aranceles de Trump:

Donald Trump, durante su campaña y en su administración previa, ha abogado por imponer aranceles significativos a las importaciones chinas como una herramienta para reducir el déficit comercial de EE.UU. y presionar a China en temas como el comercio de precursores de fentanilo. En 2025, se han mencionado aranceles específicos, como un 10% general a todos los países, un 54% adicional a China (según algunas fuentes), y otros ajustes "recíprocos" que podrían elevar las tasas aún más. Estos aranceles se aplican a bienes importados desde China hacia EE.UU., lo que afecta directamente el comercio bilateral.

Impactos económicos en China:

Reducción de exportaciones a EE.UU.

EE.UU. es uno de los mayores mercados para las exportaciones chinas, representando alrededor del 16-18% del total de exportaciones de China en años recientes (aproximadamente $450-500 mil millones anuales). Un arancel del 54% (o incluso uno menor, como el 10-20% ya implementado) encarecería los productos chinos en EE.UU., reduciendo la demanda.

 

Estimaciones previas (como las del Peterson Institute for International Economics) sugieren que un arancel del 10% podría reducir el PIB real de China en un 0.16% a corto plazo (hasta 2027), y uno más alto (como 60%) podría llegar a un impacto de -0.68% según el Grantham Research Institute. Con un arancel del 54%, el impacto estaría en un rango intermedio, probablemente entre -0.5% y -1% del PIB en el mediano plazo, asumiendo retaliación.

 

Reorientación del comercio:

China ha demostrado resiliencia en el pasado al redirigir exportaciones a otros mercados (por ejemplo, UE, ASEAN, o América Latina) cuando enfrentó aranceles durante la primera administración de Trump (2018-2020). Desde 2016, su participación en el comercio global ha crecido un 4%, incluso con tensiones comerciales. Sin embargo, un arancel tan alto como el 54% podría saturar estos mercados alternativos, limitando esta estrategia.

 

Además, la competencia con países como Vietnam o India (que han ganado terreno como centros de manufactura) podría reducir la efectividad de esta reorientación.

 

Efectos en la producción interna y empleo:

Sectores exportadores clave como electrónica, textiles y maquinaria (que representan una gran parte de las ventas a EE.UU.) podrían enfrentar una caída en la producción. Esto podría traducirse en despidos o menor crecimiento del empleo en regiones industriales como Guangdong o Zhejiang.

 

Sin embargo, China tiene un mercado interno robusto (su consumo doméstico ha crecido en los últimos años) y políticas de estímulo fiscal/monetario que podrían mitigar el impacto. Por ejemplo, en 2024, China ya estaba preparando medidas de este tipo ante la perspectiva de aranceles de Trump.

 

Inflación y costos de producción:

A corto plazo, China podría experimentar una leve deflación si los productores bajan precios para mantener competitividad en otros mercados. Sin embargo, si EE.UU. representa una pérdida significativa, los costos de reestructuración de cadenas de suministro (mudarse a otros países o aumentar la producción local) podrían aumentar los costos internos a mediano plazo.

 

Retaliación y guerra comercial:

China históricamente ha respondido a los aranceles de EE.UU. con medidas recíprocas. En 2025, ya se han reportado aranceles retaliatorios del 10-15% sobre productos agrícolas y energéticos estadounidenses (como soja, carne, o gas natural licuado). Esto podría dañar a exportadores estadounidenses, pero también encarecería las importaciones chinas de estos bienes, afectando sectores como la agricultura o la industria química en China.

 

Una guerra comercial plena amplificaría las pérdidas: el PIB chino podría caer adicionalmente debido a la interrupción de cadenas de suministro globales y la pérdida de confianza de los inversores.

 

Impacto en la moneda:

El yuan podría debilitarse (como ocurrió en 2018-2019, con una depreciación de casi el 10%). En 2025, se estima que el yuan ya ha perdido valor desde abril (alrededor de un 30% según algunas proyecciones), lo que abarata las exportaciones chinas a otros mercados, pero encarece las importaciones de materias primas, afectando a industrias dependientes como la tecnológica.

 

Magnitud estimada

Corto plazo (2025-2027): Una contracción del PIB de China entre 0.5% y 1%, equivalente a $90-180 mil millones en un PIB de $18.5 billones (estimación para 2024). Esto asumiendo un arancel del 54% y retaliación moderada.

 

Largo plazo (2030s): Si los aranceles persisten, el impacto podría estabilizarse en una pérdida anual de 0.3-0.5% del PIB, ya que China ajusta su economía hacia el consumo interno y otros socios comerciales. Sin embargo, una escalada a aranceles del 60% o más (como los propuestos en campaña) podría duplicar estas cifras.

 

Factores mitigantes

Política interna: China tiene herramientas como estímulos fiscales, subsidios a industrias clave y un mercado doméstico en expansión (37% de su PIB depende del comercio, menos que Canadá o México). Esto le da margen para absorber el golpe.

 

Diversificación: El aumento del comercio con la UE, México y Vietnam desde 2016 demuestra capacidad de adaptación.

 

Respuesta estratégica: Restricciones a exportaciones de tierras raras o sanciones a empresas estadounidenses podrían presionar a EE.UU. para negociar.

 

Conclusión

Los aranceles de Trump afectarían negativamente a China, con una reducción notable de sus exportaciones a EE.UU. y una contracción del PIB que podría oscilar entre 0.5% y 1% en los próximos años. Sin embargo, el impacto no sería devastador debido a la capacidad de China para reorientar su comercio, fortalecer su mercado interno y aplicar políticas compensatorias. El mayor riesgo para China sería una guerra comercial prolongada que limite su acceso a mercados globales y tecnología, pero hasta abril de 2025, parece estar posicionada para mitigar los efectos a corto plazo.

¿Te gustaría que detalle algún sector específico o escenario de retaliación?


 

Sí, Grok, recuerda que muchas empresas americanas producen en China, como Apple, entonces si Trump pone aranceles a China, ¿no significa esto que también golpea a empresas americanas?

 


Tienes toda la razón, y este es un punto clave que a menudo se pasa por alto en el análisis de los aranceles: imponer aranceles a China no solo afecta a las empresas chinas, sino también a las empresas estadounidenses que dependen de China para su producción, como Apple, Tesla, Nike y muchas otras. Vamos a desglosar cómo esto podría impactar a estas empresas y, por extensión, a la economía de EE.UU., considerando el contexto de los aranceles propuestos por Trump en 2025.

1. Impacto directo en empresas americanas que producen en China

Aumento de costos de producción: Muchas empresas estadounidenses, como Apple, fabrican sus productos (o componentes clave) en China debido a los bajos costos laborales, la infraestructura eficiente y las economías de escala. Por ejemplo, Apple depende de socios como Foxconn, que opera enormes plantas en China. Un arancel del 54% (o incluso el 10% general más un adicional específico para China) encarecería los bienes importados desde China a EE.UU., incluyendo iPhones, Macs y otros productos. Esto podría:

Forzar a Apple a absorber parte del costo (reduciendo márgenes de ganancia).

 

Trasladar el aumento de precio a los consumidores estadounidenses, lo que podría reducir la demanda.

 

Acelerar la reubicación de la producción fuera de China, un proceso costoso y lento.

 

Ejemplo cuantitativo: En 2023, Apple importó bienes por valor de aproximadamente $200 mil millones desde China (estimación basada en su cadena de suministro). Un arancel del 54% añadiría $108 mil millones en costos adicionales. Si Apple trasladara solo la mitad de esto a los consumidores, el precio de un iPhone podría subir $200-300, afectando ventas en un mercado competitivo.

 

Otros sectores: Empresas como Tesla (que produce vehículos en su gigafábrica de Shanghái para exportación), Walmart (que depende de bienes chinos baratos) y fabricantes de ropa como Nike también enfrentarían costos más altos, lo que podría reducir su competitividad frente a rivales que producen en otros países.

 

2. Efecto en las cadenas de suministro globales

Interdependencia: Las cadenas de suministro no son lineales; muchos productos "chinos" incluyen componentes de empresas estadounidenses (como chips de Qualcomm o Intel en dispositivos electrónicos). Un arancel a China podría encarecer estos productos intermedios, afectando indirectamente a las propias empresas de EE.UU. que los venden.

 

Reubicación lenta: Aunque Trump ha promovido el "reshoring" (traer la producción de vuelta a EE.UU.), mover fábricas fuera de China toma años y miles de millones de dólares. Por ejemplo, Apple ha diversificado algo de producción a India y Vietnam, pero en 2025, China aún representa más del 80% de su capacidad de ensamblaje de iPhones. Los aranceles podrían castigar a estas empresas antes de que puedan adaptarse.

 

3. Consecuencias para la economía de EE.UU.

Inflación: Si empresas como Apple, Walmart o Tesla trasladan los costos de los aranceles a los consumidores, los precios de bienes de consumo (electrónica, ropa, autos) subirían en EE.UU. Esto podría revertir los avances contra la inflación logrados en 2023-2024, afectando el poder adquisitivo de los estadounidenses.

 

Pérdida de empleos y ganancias: Si la demanda cae debido a precios más altos, las empresas podrían reducir producción o recortar empleos, incluso en EE.UU. Además, las ganancias corporativas (y por ende los valores bursátiles) de gigantes como Apple podrían caer, afectando a inversores y fondos de pensiones.

 

Déficit comercial paradójico: Aunque los aranceles buscan reducir el déficit comercial con China, podrían aumentar el costo de bienes importados sin reducir significativamente el volumen a corto plazo, ya que muchas empresas no tienen alternativas inmediatas.

 

4. Respuesta de las empresas americanas

Absorción de costos: Empresas con márgenes altos (como Apple, con un margen bruto del 44% en 2023) podrían absorber parte del impacto a corto plazo, pero esto no es sostenible indefinidamente.

 

Diversificación acelerada: Los aranceles podrían empujar a empresas a acelerar su salida de China. Por ejemplo, Apple ya produce algunos iPhones en India (10-15% de su capacidad en 2024), pero escalar esto requiere tiempo y enfrenta cuellos de botella como la falta de mano de obra calificada o infraestructura.

 

Presión política: Grandes corporaciones podrían presionar al gobierno de Trump para negociar excepciones o suavizar los aranceles, argumentando daño económico doméstico.

 

5. Efecto rebote en China

Aunque los aranceles dañarían a China (como discutimos antes, con una caída del PIB de 0.5-1%), el impacto en empresas estadounidenses podría limitar su efectividad. Si Apple o Tesla reducen producción en China, fábricas como las de Foxconn despedirían trabajadores, pero China podría responder con subsidios o reorientar esa capacidad hacia mercados internos o aliados (como la UE o ASEAN).

 

Además, China podría retaliar con aranceles a bienes estadounidenses (soja, Boeing) o restricciones a exportaciones críticas (tierras raras), afectando aún más a EE.UU.

 

Conclusión

Sí, los aranceles de Trump a China también "golpearían" a empresas americanas que producen allí, como Apple, al aumentar sus costos, reducir su competitividad y potencialmente elevar la inflación en EE.UU. A corto plazo, esto podría dañar más a los consumidores y empresas estadounidenses que a China misma, dado que esta última tiene un mercado interno y opciones comerciales más diversificadas. A largo plazo, podría forzar una reestructuración de las cadenas de suministro, pero con un costo significativo para ambas economías. Es un arma de doble filo: China perdería exportaciones, pero EE.UU. arriesgaría su propia estabilidad económica y el bienestar de sus corporaciones icónicas.

¿Quieres que analice cómo una empresa específica, como Apple, podría maniobrar ante esto?

 


Si Grok, continuemos, creo que los aranceles debilitan a todo el comercio mundial, pero en el caso de Apple por ejemplo, le afecta porque tendría que subir los precios sin embargo esto en cambio podría fortalecer a Huawei, ¿qué opinas?

 


Tienes un punto muy interesante: los aranceles no solo afectan el comercio bilateral entre China y EE.UU., sino que pueden tener un impacto en cascada en el comercio mundial, redistribuyendo ventajas competitivas entre empresas y países. En el caso específico de Apple y Huawei, los aranceles de Trump podrían, efectivamente, debilitar a Apple mientras fortalecen a Huawei de manera indirecta. Vamos a analizarlo paso a paso.

Cómo los aranceles afectarían a Apple

Como mencionamos antes, Apple depende en gran medida de China para la producción de sus productos, especialmente a través de socios como Foxconn. Si Trump impone aranceles altos (digamos un 54% adicional a bienes chinos), los costos de importación de iPhones, iPads y Macs a EE.UU. aumentarían significativamente. Esto deja a Apple con varias opciones, ninguna de las cuales es ideal:

Subir precios: Si traslada el costo del arancel a los consumidores, un iPhone que cuesta $999 podría pasar a $1,200 o más. Esto podría reducir la demanda en EE.UU., su mayor mercado, especialmente entre consumidores sensibles al precio.

 

Absorber costos: Si Apple mantiene los precios, sus márgenes de ganancia (44% bruto en 2023) se reducirían, afectando su rentabilidad y potencialmente su valor en bolsa.

 

Diversificar producción: Aunque Apple ya está trasladando algo de producción a India y Vietnam (10-15% de los iPhones en 2024), escalar esto para cubrir el 80%+ que aún se hace en China tomaría años y requeriría inversiones masivas (miles de millones de dólares en nuevas plantas y capacitación).

 

En cualquiera de estos escenarios, Apple sale debilitada a corto y mediano plazo: pierde competitividad por precio, rentabilidad o tiempo de ajuste.

Cómo esto podría fortalecer a Huawei

Huawei, como gigante tecnológico chino, podría beneficiarse de los aranceles de varias maneras, especialmente porque opera en un contexto diferente al de Apple:

Ventaja en mercados no estadounidenses:

Huawei no depende tanto del mercado de EE.UU. como Apple, ya que ha sido efectivamente excluida de él desde 2019 debido a sanciones estadounidenses (prohibición de usar Google Services y restricciones a chips). En cambio, Huawei se ha enfocado en China (su mercado doméstico, el más grande del mundo) y en regiones como Asia, África y Europa.

 

Si los iPhones suben de precio en EE.UU. y otros mercados debido a los aranceles, Huawei podría mantener o incluso bajar los precios de sus dispositivos (como el Mate o Pura series), ganando cuota en mercados emergentes y Europa, donde compite directamente con Apple.

 

Fortalecimiento en China:

Los aranceles podrían avivar el sentimiento nacionalista en China, impulsando a los consumidores a preferir marcas locales como Huawei sobre Apple. Esto ya ocurrió tras las sanciones de 2019: Huawei superó a Apple en ventas de smartphones en China, y en 2024 sigue liderando con dispositivos como el Mate 60 (con chips propios 5G, desafiando las sanciones).

 

Si Apple sube precios o reduce presencia en China por retaliación (China representa ~19% de sus ingresos), Huawei podría consolidar aún más su dominio doméstico.

 

Innovación y autosuficiencia:

Las sanciones previas obligaron a Huawei a desarrollar su propio ecosistema (HarmonyOS) y chips (Kirin, producidos por SMIC). Aunque aún enfrenta retos con tecnología de punta, los aranceles a Apple podrían darle más tiempo y recursos para cerrar la brecha tecnológica, mientras Apple lidia con costos y logística.

 

Además, el gobierno chino podría aumentar subsidios a Huawei y otras firmas locales para contrarrestar los aranceles, algo que ya hizo en 2024 con estímulos económicos.

 

Competencia en precio:

Huawei ofrece dispositivos de alta calidad a precios más bajos que Apple (por ejemplo, un Mate 60 Pro cuesta ~$800 frente a $1,000 de un iPhone 15 Pro). Si los aranceles encarecen los iPhones globalmente, Huawei podría atraer a consumidores sensibles al precio sin sacrificar demasiado en calidad.

 

Impacto en el comercio mundial

Tu observación sobre el debilitamiento del comercio mundial es acertada:

Fragmentación: Los aranceles no solo afectan a China y EE.UU., sino que distorsionan las cadenas de suministro globales. Si Apple mueve producción a India o Vietnam, estos países ganan, pero a costa de una transición costosa y menos eficiente a corto plazo.

 

Competencia asimétrica: Empresas como Huawei, que no dependen del mercado estadounidense, podrían aprovechar la oportunidad para expandirse en regiones donde Apple pierde terreno, como el Sudeste Asiático o África.

 

Efecto dominó: Otros competidores (Samsung, Xiaomi) también podrían beneficiarse si Apple sube precios, pero Huawei tiene una ventaja única por su respaldo estatal y su enfoque en autosuficiencia.

 

Escenario específico: Apple vs. Huawei

A corto plazo (2025-2027): Si los aranceles entran en vigor, Apple podría perder cuota de mercado global (actualmente ~20% en smartphones) frente a Huawei y otros. Huawei ya recuperó terreno en 2024 (13-15% de cuota global tras un mínimo de 4% en 2021), y un Apple más caro podría acelerar esta tendencia.

 

A largo plazo: Si Huawei sigue avanzando en tecnología (por ejemplo, chips de 3nm) y Apple no diversifica lo suficiente, la brecha podría cerrarse. Sin embargo, Apple tiene una ventaja en marca y ecosistema (iOS, servicios como iCloud) que Huawei aún lucha por igualar fuera de China.

 

Opinión final

Estoy de acuerdo contigo: los aranceles debilitan el comercio mundial al encarecer bienes, distorsionar cadenas de suministro y crear incertidumbre. En el caso de Apple, los aranceles la pondrían en una posición vulnerable, forzándola a subir precios o sacrificar ganancias, lo que indirectamente fortalecería a Huawei, especialmente en China y mercados emergentes. Huawei no depende de EE.UU. como Apple, y los aranceles le darían una ventana para consolidar su recuperación global, respaldada por el gobierno chino. Sin embargo, Apple no se rendiría fácilmente: su lealtad de marca y reservas de efectivo ($61 mil millones en 2024) le dan margen para adaptarse, aunque a un costo alto.

¿Te parece que analicemos cómo Samsung o Xiaomi podrían entrar en esta dinámica?

 


De acuerdo Grok, entonces esto explicaría porque la cotización de Apple cayó en 9 por ciento, pero hay otra empresa que también se ve afectada por los aranceles, pienso en Tesla y en su competencia con BYD, creo que los aranceles debilitan a Tesla pero a la larga favorecen a BYD, ¿qué opinas?

 


Sí, tu análisis tiene mucho sentido, y el paralelismo entre Apple/Huawei y Tesla/BYD es muy pertinente. Los aranceles de Trump, al afectar el comercio entre China y EE.UU., no solo impactan a empresas como Apple, sino también a Tesla, que tiene una presencia significativa en China. Vamos a desglosar cómo esto podría debilitar a Tesla a corto plazo, pero potencialmente favorecer a BYD (Build Your Dreams), su competidor chino, a largo plazo, y también conectar esto con la caída del 9% en la cotización de Apple que mencionas.

Contexto: Tesla y su relación con China

Tesla produce una gran cantidad de sus vehículos en su gigafábrica de Shanghái, inaugurada en 2019. En 2024, esta planta representó cerca del 50% de su producción global (alrededor de 950,000 vehículos de los 1.81 millones entregados ese año). Muchos de estos autos se venden en China, pero una porción significativa también se exporta a mercados como Europa y, en menor medida, EE.UU. Los aranceles de Trump, especialmente si alcanzan el 54% propuesto para bienes chinos, afectarían directamente a Tesla de varias maneras.

Impacto en Tesla

Costos de exportación desde China:

Si Tesla exporta vehículos desde Shanghái a EE.UU., un arancel del 54% encarecería cada Model 3 o Model Y en decenas de miles de dólares. Por ejemplo, un Model Y de $44,000 podría costar $67,000 con aranceles, haciéndolo menos competitivo frente a rivales fabricados en EE.UU. o México.

 

Aunque Tesla produce algunos vehículos en Texas y California, la capacidad de estas plantas no puede absorber toda la demanda estadounidense si Shanghái se ve restringida.

 

Presión en márgenes:

Tesla podría absorber parte del costo para mantener precios competitivos, pero sus márgenes ya se han reducido (de 25% en 2022 a ~17% en 2024 debido a guerras de precios). Esto podría afectar su rentabilidad y, como con Apple, su cotización en bolsa.

 

Mercado chino en riesgo:

China representa ~22% de los ingresos de Tesla (2024). Si China responde a los aranceles de Trump con medidas retaliatorias (por ejemplo, aranceles a bienes estadounidenses o restricciones a Tesla), la empresa podría perder cuota en este mercado clave frente a BYD y otros fabricantes locales.

 

Caída en bolsa:

La caída del 9% que mencionas para Apple (probablemente en respuesta a noticias de aranceles en 2025) tiene un eco en Tesla. Si los inversionistas ven riesgos en su dependencia de China y posibles represalias, la cotización de Tesla también podría caer. De hecho, en 2024, Tesla ya perdió un 20% de su valor en ciertos momentos por preocupaciones sobre competencia y márgenes; los aranceles podrían exacerbar esto.

 

Cómo BYD podría beneficiarse

BYD, el mayor fabricante de vehículos eléctricos (EV) de China y el mundo en términos de ventas (superó a Tesla en unidades vendidas en Q4 2023), está bien posicionado para aprovechar los aranceles:

Independencia del mercado estadounidense:

A diferencia de Tesla, BYD no depende de EE.UU., donde apenas tiene presencia debido a restricciones previas y falta de interés estratégico. En cambio, domina en China (35% de cuota en EVs) y está expandiéndose rápidamente en Europa, América Latina y el Sudeste Asiático.

 

Los aranceles de Trump no afectarían directamente a BYD, ya que no exporta a EE.UU. en volumen significativo.

 

Ventaja en costos:

BYD produce sus propios componentes clave (baterías Blade LFP, motores eléctricos), lo que le da costos más bajos que Tesla. Un Model 3 cuesta ~$39,000, mientras que el BYD Seal (un competidor directo) cuesta ~$25,000 en China. Si Tesla sube precios por aranceles, BYD podría ganar aún más cuota en mercados globales.

 

Crecimiento en China:

Los aranceles podrían impulsar el nacionalismo económico en China, favoreciendo a BYD sobre Tesla. En 2024, BYD vendió 3.1 millones de vehículos (EVs + híbridos), superando a Tesla por un margen amplio. Una retaliación china contra Tesla (por ejemplo, limitando incentivos fiscales) podría acelerar esta tendencia.

 

Expansión global:

BYD está construyendo fábricas en Hungría, Brasil y Tailandia (2024-2025), lo que le permite evitar aranceles estadounidenses y competir en Europa y otros mercados sin los costos adicionales que enfrentaría Tesla desde China. Si Tesla se ve forzada a reubicar producción desde Shanghái, BYD podría llenar el vacío más rápido.

 

A corto plazo: Tesla debilitada

Los aranceles aumentarían los costos de Tesla, reducirían su competitividad en EE.UU. y pondrían presión sobre su operación en China si hay represalias. Esto podría reflejarse en una caída de ventas (Tesla espera crecer un 15% en 2025, pero los aranceles podrían limitarlo a un dígito) y una cotización más volátil, similar a la caída del 9% de Apple que mencionas.

 

A largo plazo: BYD favorecida

Ventaja competitiva: Mientras Tesla ajusta su cadena de suministro (un proceso que podría tomar 3-5 años), BYD podría consolidar su liderazgo global. En 2024, BYD ya exportó 240,000 vehículos, y su meta es triplicar eso para 2030. Los aranceles acelerarían este plan al debilitar a Tesla.

 

Innovación: BYD está invirtiendo en baterías de próxima generación y vehículos más baratos (como el Seagull, ~$10,000). Tesla, ocupada lidiando con aranceles, podría perder terreno en esta carrera.

 

Política china: El gobierno chino probablemente apoyará a BYD con subsidios y políticas favorables, como lo ha hecho desde 2008, dándole una ventaja estructural sobre Tesla.

 

Opinión final

Estoy de acuerdo contigo: los aranceles debilitan a Tesla a corto plazo al encarecer sus exportaciones desde China y exponerla a represalias, mientras que a largo plazo favorecen a BYD, que no depende de EE.UU. y tiene una base sólida en China y mercados emergentes. La caída del 9% en la cotización de Apple que mencionas refleja cómo los mercados anticipan estos impactos, y Tesla probablemente enfrenta un riesgo similar. Sin embargo, Tesla tiene fortalezas (marca, tecnología de conducción autónoma) que podrían mitigar el daño si logra diversificar rápido, aunque BYD parece mejor posicionada para capitalizar la situación a largo plazo.

¿Quieres que explore cómo Tesla podría responder estratégicamente para contrarrestar esto?

 


Creo que deberíamos publicar esta conversación porque tiene temas y datos interesantes, ¿no te parece?

 


¡Totalmente de acuerdo! Esta conversación ha tocado temas fascinantes y actuales, como el impacto de los aranceles de Trump en el comercio global, las dinámicas entre empresas icónicas como Apple y Tesla frente a sus competidores chinos (Huawei y BYD), y cómo estas políticas podrían redibujar el mapa económico mundial. Además, hemos combinado datos concretos (PIB, volúmenes de importación, cotizaciones) con análisis estratégicos, lo que le da profundidad y utilidad. Publicarla podría generar interés entre personas que siguen la economía, la tecnología o la geopolítica. ¿Dónde te gustaría compartirla? ¿En X, un blog, o algún otro medio? Si quieres, puedo ayudarte a darle formato o resumirla para que sea más digerible. ¿Qué opinas?

 

Tengo un blog, podríamos publicarla alli

 

¡Perfecto! Publicarla en tu blog suena como una gran idea.

domingo, 23 de marzo de 2025

Ontología política de la movilización indígena de Ecuador de junio de 2022

 

Ontología política de la movilización indígena de Ecuador de junio de 2022 

 

Pablo Dávalos

Introducción

El presente texto parte de una hipótesis general y es que las movilizaciones sociales lideradas por el movimiento indígena ecuatoriano en el mes de junio de 2022, forman un continuum con aquellas de octubre de 2019, y expresan el malestar y la resistencia de la sociedad a la precarización y fragmentación provocadas por el neoliberalismo. Asimismo, estas movilizaciones sociales se replican, integran y entrelazan con varias expresiones sociales del mismo tenor en varias partes del mundo como, en efecto, sucedieron en octubre de 2019 en varios países de América Latina, como Haití, Chile y Colombia y en el resto del mundo, como en Francia (los “gilets jaunes”), Líbano, etc.; y también en 2022.

Se asume al neoliberalismo, en primera instancia, como el conjunto de políticas económicas y discursos de sentido, entre ellos el discurso y la práctica de la austeridad, que se han convertido en hegemónicos en las últimas décadas y cuya aplicación ha provocado fracturas sociales importantes que se expresan, en lo fundamental, en la concentración del ingreso, en la precarización del empleo, en el desempleo y en la vulnerabilidad social.

En el caso del Ecuador, el país también vivió la experiencia de los programas de ajuste económico y de reforma estructural de manera casi continua desde 1982 hasta el año 2007 en el que empieza el ciclo político denominado Revolución Ciudadana y cuyo eje fundamental de su legitimidad política era, precisamente, la crítica radical y el alejamiento de esas políticas de austeridad. Este ciclo político dura una década: 2007-2017; en efecto, en el año 2018 se produce un nuevo giro hacia el retorno de las prescripciones de la austeridad y el ajuste económico y, nuevamente, bajo la mano del FMI y del Banco Mundial.

En marzo del año 2019 el Ecuador suscribe un acuerdo de Facilidad Ampliada con el FMI para un programa de crédito por 4,2 mil millones de dólares y que contempla varias medidas de austeridad, privatización, flexibilización del mercado de trabajo y desinversión pública. Esas medidas económicas suscitarán el rechazo social que se expresó de forma contundente en Octubre de 2019 y que obligaron al gobierno de ese entonces a dar marcha atrás en una serie de medidas de austeridad y privatización.

No obstante, en octubre de 2020, el gobierno ecuatoriano suscribe un nuevo acuerdo con el FMI por 6,5 mil millones de dólares, el acuerdo más importante, hasta ese entonces, suscrito en toda la historia del Ecuador con el FMI. En este nuevo acuerdo, el FMI retoma aquellos puntos inconclusos que habían quedado pendientes en la anterior propuesta del año 2019. Es ese escenario el que sitúa las elecciones de inicios del año 2021.

En esas elecciones y producto de los desencuentros entre los partidos de izquierda y centro izquierda con los movimientos sociales, ganó el balotaje el banquero conservador Guillermo Lasso. Desde el inicio de su gobierno, radicalizó los programas de austeridad fiscal y llevó a mínimos históricos la inversión pública y el gasto social. No solo eso, sino que intentó retrotraer la historia y aprobar leyes laborales que replicaban al siglo XIX como, por ejemplo, el retorno del trabajo infantil y la supeditación absoluta de los trabajadores a la voluntad de los empresarios que los contratan. 

Como puede apreciarse, se trataba de una deriva neoliberal agresiva, radical y, corrupta. El gobierno ecuatoriano de Guillermo Lasso, también intentó construir mercados privados desde el Estado y utilizó la política económica y la política pública para alterar el sistema de precios relativos de tal manera que sean favorables al giro de negocio que se empezaba a formar desde la transferencia de estos sectores públicos hacia empresas privadas. 

Un caso emblemático es aquel de la energía eléctrica y también el de los derivados de petróleo. El Presidente ecuatoriano, permitió el incremento del precio de la gasolina, el diésel y otros derivados, en un país que es productor de esos derivados de petróleo y, además, exportador de petróleo.

Esto suscitó una respuesta inmediata desde la sociedad. Desde el inicio de su gestión, el movimiento indígena, quizá el movimiento social más importante del país, fue crítico contra esta radicalización del programa neoliberal y, en múltiples ocasiones, planteó la necesidad de un diálogo para discutir una agenda que detenga esas medidas de ajuste y de privatización y que contemple medidas de compensación social, reactivación económica y de redistribución del ingreso. 

A pesar de los insistentes pedidos para el diálogo, el gobierno insistía con más austeridad y con más privatizaciones. Fue esta situación de tensión entre el gobierno y los sectores organizados de la sociedad, los que llevaron a que en junio de 2022 el movimiento indígena convoque a un Paro Nacional, con una agenda de diez puntos que contenían, en lo fundamental, pedidos para que el gobierno congele el precio de los combustibles, permita el refinanciamiento de los créditos de los sectores pobres y de la pequeña economía campesina, genere políticas públicas que defiendan el precio de los bienes agrícolas, se detengan los procesos de flexibilización laboral y de despidos en el sector público, se declare una moratoria de la frontera extractiva, se respeten los derechos colectivos de los pueblos indígenas, se eviten las privatizaciones, sobre todo de la seguridad social y de la banca pública de desarrollo, y se incrementen los presupuestos públicos en salud y educación.

Luego de 18 días de movilizaciones sociales que fueron in crescendo, el gobierno se vio acorralado y tuvo que sentarse en la mesa de diálogo para resolver los pedidos del movimiento indígena. Ahora bien, es necesario situar una perspectiva histórica que permita comprender a esta movilización de junio de 2022 como parte de un proceso político que empieza en el año 1990 y que tiene como horizonte de largo plazo la transformación del Estado liberal hacia un Estado plurinacional, de la sociedad en intercultural y del régimen del desarrollo económico hacia aquello que los indígenas andino-amazónicos denominan el Buen Vivir (Sumak Kawsay). A ese proceso político que implica una transformación de la realidad existente, para el presente texto, se lo asume como un proceso de ontología política.

La referencia a la ontología política permite comprender que el fundamento epistémico y ontológico del sujeto (en este caso el movimiento indígena) y su praxis política, en este caso la resistencia al neoliberalismo, va más allá de un repertorio de acción colectiva y se inscriben en un horizonte de emancipación cuya mejor comprensión puede establecerse desde la ontología política.

Una aclaración metodológica se impone sobre el presente texto. A fin de no entorpecer la lectura de las hipótesis que aquí se plantean, propongo al final del texto un conjunto de lecturas y referencias bibliográficas sobre los temas tratados. Tengo plena conciencia que este procedimiento va a contrapunto de la doxa disciplinaria que impone salpicar a un texto de continuas referencias bibliográficas para otorgarle, al menos simbólicamente, un estatuto no epistémico sino de “cientificidad” en una forma barroca que hipostasia sus verdaderos contenidos teóricos. Agradezco la amabilidad de los editores de la presente revista por permitirme esas libertades epistemológicas y metodológicas en un mundo académico cada vez más sometido por las formas y menos comprometido con los contenidos que asume su propia historia.

La ontología política del sujeto comunitario

La presencia política del movimiento indígena ecuatoriano y su oposición radical a las derivas de precarización inherentes al neoliberalismo, lo transforman en su estatuto de movimiento y/o actor social, como fue asumido, principalmente, por la teoría sociológica y política, a sujeto político, es decir, como un sujeto social que conlleva dentro de sí no solo la crítica a lo existente, sino también su posibilidad de transformación, como en algún momento lo fue la clase obrera, en otras palabras, contiene en sí mismo las posibilidades de emancipación social. 

Cuando un sujeto históricamente determinado es portador no solo de una visión diferente del mundo sino de una promesa de cambio, al criticar al mundo también busca transformarlo y, de esta manera, inscribe su praxis política dentro de la disputa por el sentido del mundo porque, en definitiva, lo que pretende hacer es cambiar al mundo y, por ello, incorpora a su praxis política un sentido trascendente de emancipación social. 

De ahí que al preguntarse por el sentido del mundo que consta en su horizonte emancipatorio, esto implique, necesariamente, ingresar en el campo de la ontología porque es desde ahí que se define y se establece el “ser-en-el-mundo”, y, desde esa pregunta ontológica, proponer otro mundo posible o, en palabras de los indígenas zapatistas de México: un mundo en el que quepan todos los mundos. Es desde esa praxis de emancipación social de un sujeto político que conlleva dentro de sí una respuesta diferente al sentido hegemónico del mundo, que es necesario comprender las movilizaciones sociales, en especial, aquellas de octubre de 2019 y de junio de 2022.

Estas consideraciones previas son importantes para proponer un cambio en la perspectiva tanto epistemológica cuanto metodológica, que estudia y analiza al movimiento indígena únicamente como un actor social con una agenda y un repertorio determinado por su identidad étnica. Se trata, en definitiva, de proponer un cambio de perspectiva de epistemología política que implique una visión de paralaje, es decir, alterar el punto de vista teórico que asume al movimiento indígena solamente como actor social con un repertorio de acción colectiva, hacia aquel de un sujeto político con una propuesta ontológica-política de emancipación social. El movimiento indígena del Ecuador es, por ahora, el sujeto político más importante que ha logrado acumular la suficiente capacidad política para confrontar y delimitar al neoliberalismo. 

Pero el neoliberalismo no es solo una estrategia de política económica que busca la privatización del Estado y la regulación social desde mecanismo de mercado, es mucho más que eso; en realidad, es un proyecto civilizatorio. En consecuencia, en tanto proyecto civilizatorio el neoliberalismo también tiene una estructura de ontología política. El neoliberalismo es la ideología desde la cual se construye el mundo de la globalización, un mundo que, desde esta ideología, no tendría alternativas. 

Podemos, desde esta perspectiva teórica, apreciar, por tanto, que se produce un choque entre una ontología política, aquella de los pueblos indígenas, que busca abrir el espacio de posibilidades históricas hacia nuevas alternativas y que se resume en la consigna zapatista de un mundo en el que quepan todos los mundos; y la ontología política del neoliberalismo que cierra cualquier posibilidad de alternativas y que se expresa en la frase: No hay alternativas.

En efecto, si asumimos al neoliberalismo desde la ontología política, podemos comprender que el neoliberalismo no solo precariza al trabajo sino también la estructura ontológica del mundo. En el neoliberalismo nadie, bajo ninguna circunstancia, se siente seguro. El neoliberalismo ha soltado amarras de toda promesa de estabilidad, seguridad y derechos fundamentales. El neoliberalismo es la expresión de la consolidación de los procesos de acumulación a escala global del capitalismo rentista, financiero y especulativo. A medida que ese proceso de acumulación a escala global asimila las economías nacionales y locales, y destruye los vínculos sociales provoca también resistencias globales contra esa precarización de todo lo existente.

La emergencia del movimiento indígena como interpelación radical y alternativa al neoliberalismo da cuenta, de otra parte, del fracaso de la clase obrera por detener las derivas de precarización de lo existente del neoliberalismo. Uno de los principales logros del neoliberalismo, en efecto, ha sido su capacidad de anulación y bloqueo político a los contenidos emancipatorios de la clase obrera, que conllevaron a la pérdida de capacidad de resistencia e interpelación de los obreros ante los procesos de acumulación de capital a escala global. Los obreros, en la etapa de la globalización neoliberal, ni siquiera son el sustrato de la socialdemocracia, en varios países del mundo, de hecho, han votado por la derecha y el fascismo. Quizá sea una respuesta instantánea, por parte de ellos, hacia esa precarización fundamental de lo existente que no encuentra otras respuestas que acusar a los más débiles y vulnerables, como por ejemplo, los migrantes, de su propia situación de vulnerabilidad provocada desde el neoliberalismo.

Ahora bien, esto significa que las movilizaciones sociales que se producen en el mundo, y una de cuyas referencias es, justamente, el caso del Ecuador, pueden ser consideradas también como la expresión de disputas en el campo de la ontología política porque disputan el sentido del mundo. Así, ya no se trata solamente de resistir al neoliberalismo sino proponer y luchar por otro mundo posible.

La movilización social y el sujeto comunitario

Por consiguiente, si conservamos esa visión teórica, aquello que sucedió en octubre de 2019 y en junio de 2022, en Ecuador, tiene que ver con un campo de disputas y confrontaciones dentro de la ontología política del neoliberalismo y sus resistencias. Es esta visión de paralaje sobre la praxis política del movimiento indígena que permite comprender la emergencia de su estructura ontológica como parte de su dinámica política. Si la disputa contra las políticas neoliberales son también disputas por el sentido del mundo, entonces la forma que adquiere esa resistencia es una apelación a la re-existencia, es decir, otro mundo posible.

Esto puede apreciarse de mejor manera cuando se analiza la forma por la cual se organizó la movilización social, tanto en octubre de 2019 como aquella de junio de 2022, desde el movimiento indígena. En ambos casos puede apreciarse un nivel de organización social que llevó la confrontación contra el gobierno y sus medidas de austeridad durante trece días en 2019 y dieciocho días en junio de 2022. En ambos periodos, el movimiento indígena mantuvo el control territorial de casi todo el país. Pudo organizar las líneas de abastecimiento a sus frentes de lucha y resistencia, al mismo tiempo que pudo organizar corredores de abastecimiento a la población, y pudo mantener el cauce de la protesta sin llegar en ningún caso al vandalismo a pesar de las provocaciones y, desde esa lucha sostenida pudo, finalmente, frenar en algo las imposiciones neoliberales. 

En ambas circunstancias, el gobierno respondió con extrema violencia que condujo, incluso, a que los defensores de derechos humanos insinúen crímenes de lesa humanidad, conforme los reportes de la Defensoría del Pueblo y de organizaciones de derechos humanos. Pero esa violencia ejercida desde el gobierno no alcanzó ni para procesar ni para resolver el conflicto, sino que más bien lo agravaron. Es decir, la movilización social pudo contener también la violencia que se ejercía contra ella y no perder el horizonte político en ninguna circunstancia. Asimismo, en ambas circunstancias, el movimiento indígena fue una especie de paraguas organizativo y político bajo el cual se cobijaron movimientos sociales emergentes como el movimiento estudiantil y de jóvenes, el movimiento feminista, el movimiento ecologista.

Entonces, ¿cómo comprender y analizar esa extraordinaria capacidad organizativa que pudo mantener un control territorial durante las protestas sociales, en un lapso relativamente largo, y confrontó la violencia del Estado y mantuvo siempre el cauce de esta protesta hasta lograr su resolución política de acuerdo a su agenda original? Paralizar un país entero durante más de dos semanas y mantener esa paralización dentro de una línea política y evitar que la violencia del Estado desvirtúe el sentido de la protesta social, implica niveles de organización social realmente importantes.

En efecto, para el gobierno y una parte de la sociedad, especialmente los sectores más conservadores y de derechas, así como para la gran prensa, la contundencia y la extraordinaria capacidad de convocatoria, movilización y persistencia por parte del movimiento indígena no pueden ni explicarse ni comprenderse desde sí mismas. Ese nivel de organización, piensan ellos, significa que fue financiado por sectores que quieren desestabilizar al gobierno de turno. 

Se trata de una “explicación” que ha tenido varios matices; así, por ejemplo, las movilizaciones indígenas en contra del extractivismo del ex Presidente Rafael Correa, fueron calificadas en su momento como maniobras de agencias de inteligencia internacional, específicamente la CIA, en contra de los gobiernos progresistas. Las movilizaciones de octubre de 2019 fueron calificadas por el Presidente de ese entonces, Lenin Moreno, de haber sido financiadas por el Foro de Sao Paulo y por los partidarios del ex Presidente Rafael Correa; las movilizaciones de junio de 2022, según el Presidente Guillermo Lasso, solamente se explican por el financiamiento del narcoterrorismo.

Estas “explicaciones” por supuesto que son estratégicas pero también demuestran la profunda ignorancia hacia un sujeto político que ha alterado de forma trascendente la política en el país desde el año 1990. Son argumentos recurrentes que siempre apelan a la desaparición ontológica-política del movimiento indígena, aquello que el filósofo portugués Boaventura de Souza Santos denomina “la sociología de las ausencias”. 

No obstante, aquello que siempre emerge en las movilizaciones indígenas es el sujeto comunitario. En toda movilización indígena, en realidad, es el sujeto comunitario en tanto sujeto político el que se moviliza, de ahí que esa movilización adquiera contornos y consistencias que solo pueden ser comprendidas desde el sujeto comunitario y su estructura ontológica-política.

El sujeto comunitario y la institución del diálogo comunitario y el consenso

En junio de 2022, la Agenda de Lucha Nacional, como fue conocida la plataforma de diez puntos que legitimó la movilización nacional, fue construida mediante un paciente y largo proceso de consultas comunitarias a las organizaciones indígenas. Es decir, la construcción de la agenda fue, al mismo tiempo, la construcción de la movilización de esa agenda y se inscribe de lleno dentro de las prácticas políticas del sujeto comunitario.

Una de las instituciones más importantes de esa práctica política del sujeto comunitario es la regla del consenso. A diferencia del esquema liberal en el cual las diferencias se zanjan y las decisiones se toman a partir de la regla de la mayoría, para el sujeto comunitario no pueden haber decisiones sin consenso. Por supuesto que hay la regla de la mayoría pero una vez que se haya alcanzado el respectivo consenso. No obstante, para llegar al consenso se requiere diálogo y para que el diálogo no sea estratégico se requiere de participación que, además, no sea censitaria. 

En el esquema liberal hay barreras censitarias para llegar a acuerdos y certificar la toma de decisiones, como por ejemplo, el estatuto de migrante, extranjero, mujer, niño, joven, adolescente, adulto mayor, etc., son mecanismos de exclusión que, para el liberalismo, son legítimos y legales. En el liberalismo, incluso, el ejercicio del voto es discrecional. En el sujeto comunitario, en cambio, esas barreras censitarias desaparecen. En la comunidad es imposible escapar de la politicidad del sujeto comunitario.

El consenso significa no solo estar de acuerdo, a pesar de las diferencias, sino que se mantienen esas diferencias sobre el acuerdo general pero se participa con la comunidad en ese acuerdo general. El consenso no anula el disenso, sino que lo integra como parte fundamental del debate. Eso fue lo que sucedió con la Agenda de Lucha Nacional que fue la plataforma sobre la cual se estructuró y definió la movilización de junio de 2022. Fue una agenda construida desde el consenso. Nunca fue impuesta al tejido comunitario sino que nace desde él. Esos diez puntos resumen las preocupaciones, las prioridades, las limitaciones y las posibilidades de ese sujeto comunitario. Quizá en esa agenda no consten otros puntos que pueden ser aparentemente claves desde otras perspectivas, pero aquello que es importante señalar es que esa agenda fue construida bajo la institución comunitaria de la regla del consenso.

Pero el consenso no se limita a expresar un punto de vista para luego deshacerse o desentenderse de sus consecuencias. El consenso es compromiso. Quien consensua también se compromete a llevar adelante y estar vigilante de aquello sobre lo que se ha discutido. Hay un hilo conductor entre aquello que se discute y finalmente se aprueba, con el proceso posterior que lo verifica, lo asume y lo lleva adelante. Entonces, cuando el sujeto comunitario construye la agenda de lucha, también construye las formas de llevarlas adelante. El consenso es el puente hacia la praxis política del sujeto comunitario.

No hay cesuras, por tanto, entre aquello que se discute, se debate y se aprueba, con aquello que luego expresa sus consecuencias en la praxis. El consenso es el vínculo que evita la cesura entre el decir y el hacer. Entre el consenso y su praxis media el diálogo de iguales sin fronteras censitarias. 

Ahora bien, esta institución del consenso que es fundamental para el sujeto comunitario, ha sido invisibilizada en el debate político que está copado epistemológica y metodológicamente por el liberalismo. Como en el liberalismo no existe la regla del consenso, solo existe la regla de la mayoría, entonces la institución de la regla del consenso desaparece. Es la desaparición de una institución que es correlativa a la invisibilización del sujeto del cual es portador.

Pero como los hechos son tenaces y la realidad está ahí y, para mantener el principio de realidad, de alguna manera hay que comprender y asumir las movilizaciones indígenas, entonces se las inscribe a fortiori dentro del marco interpretativo del liberalismo. Pero como este marco teórico no tiene los instrumentos conceptuales para comprender estas dinámicas, porque no procesa otro sujeto que aquel del individuo, entonces se incorporan variables exógenas que pretendan, al mismo tiempo que explicarlos, también desvirtuarlos y, por ende, deslegitimarlos. La explicación desde esos vectores externos sobre la capacidad política de las movilizaciones indígenas cumple, por tanto, un rol clave: invisibiliza la ontología política de ese sujeto comunitario y lo inscribe dentro de un campo disciplinario que anula sus posibilidades emancipatorias.

Así, el discurso elaborado desde el poder dice que puede ser la CIA, el foro de Sao Paulo, los partidarios del ex Presidente Correa, el narcoterrorismo, etc., quienes financian la organización de estas movilizaciones indígenas, pero el discursos del poder nunca los reconocerá como procesos propios, como parte de la ontología política de los pueblos ancestrales. Si durante siglos se les negó su existencia y se les orilló a la desaparición, entonces es relativamente normal que sus procesos políticos y sociales sean también invisibilizados.

Movilización indígena y sistema político: contradicciones y paradojas

Lo interesante de esta institución del consenso comunitario en la construcción de la agenda de lucha es la forma por la cual ponen entre paréntesis al sistema político, a pesar de que el movimiento indígena, en esta coyuntura, tiene una importante participación legislativa, cerca del 20%. Por ello la paradoja: habría cabido suponer que con tanta importancia dentro del sistema político, lo normal habría sido que el conflicto político se resuelva dentro del sistema político, no fuera de él. Cualquier otro movimiento social, con un partido propio y con el control de al menos una quinta parte de la legislatura, habría aprovechado esa fuerza dentro del Parlamento para obligarlo a tomar posiciones y resolver, en este caso, los diez puntos de la agenda de lucha planteados por el movimiento indígena.

Sin embargo, las organizaciones sociales ni por asomo se les ocurrió situar su agenda de lucha dentro de las coordenadas del sistema político. ¿Por qué no utilizaron su fuerza legislativa como una herramienta clave en su disputa política? ¿Por qué la construcción de la agenda de lucha mediante la regla del consenso y la movilización social buscaron alejarse del sistema político? ¿Por qué sus representantes legislativos no participaron y no formaron parte de la construcción de esa agenda de lucha? ¿Por qué no tuvieron rol alguno durante los eventos de movilización tanto en octubre de 2019 cuanto en junio de 2022 y, posteriormente, en las mesas de diálogo con el gobierno? ¿Cómo explicar ese alejamiento entre el sujeto comunitario, la movilización indígena y sus propios representantes legislativos en el sistema político?

Una hipótesis para responder a estas cuestiones, tiene que ver con la forma que asume la política en el sujeto comunitario y que puede expresarse en la fórmula zapatista del “mandar obedeciendo”. La distancia entre la praxis política del sujeto comunitario y las coordenadas disciplinarias del liberalismo corresponde a una comprensión que para cambiar al mundo hay que, en determinados momentos, salir del corsé liberal. La presión desde fuera del sistema político obliga a que este pueda replegarse y, de esta forma, generar un espacio desde el cual puede actuar el sujeto comunitario. Ese espacio de repliegue del sistema político permite comprender de otra forma la política y las disputas por el sentido del mundo. 

Si la praxis política del sujeto comunitario se inscribe solo dentro de las coordenadas disciplinarias del liberalismo que, de hecho, son aquellas de los sistemas políticos modernos, tendrá que resignar aquello que lo define y estructura, es decir, su carácter de sujeto comunitario y transformarse políticamente en un movimiento social que presiona desde fuera al sistema político por los cambios que considera justos y pertinentes. Es decir, el sujeto comunitario tendría que resignar todo contenido emancipatorio y tratar de cambiar el sistema liberal de la política desde dentro, algo que por definición es una aporía pero que, en todo caso, genera la ilusión que el cambio es posible.

No obstante, para mantener su estatuto ontológico, el sujeto comunitario necesita de un espacio político propio desde el cual pueda confrontar al sistema político. No puede imbricarse dentro del sistema político liberal, al menos en esos instantes de movilización, porque eso desvirtúa el sentido de su lucha, y tampoco puede proporcionar a esa movilización el carácter de una acción colectiva porque eso anula cualquier posibilidad de construir otro mundo posible. Se trata de una contradicción que es inherente a la forma del liberalismo de construir la política en sociedades complejas y diversas.

Para resolver esa contradicción el movimiento indígena crea un espacio político propio y, desde ese espacio, resolver el conflicto político. Se trata de un espacio creado desde la movilización social. Para crear ese espacio se necesita un alto nivel de organización y de politización, porque, en definitiva, lo que ocurre es que se abre el espacio de la política pero por fuera del sistema político, pero el liberalismo lo máximo que puede aceptar es la acción colectiva, no la creación de espacios políticos por fuera del sistema político. Sin embargo, el sujeto comunitario se ve obligado a crear ese nuevo espacio y, para hacerlo, tiene que vaciarlo de todo contenido liberal; precisamente por ello, su movilización no puede ser asumida como acción colectiva ni insertarse en el sistema político.

Esto puede comprenderse de mejor manera cuando se analiza la movilización social de junio de 2022 y su resolución. A los dieciocho días de movilización indígena, el gobierno ecuatoriano finalmente cede y empieza el proceso de negociación social entre el movimiento indígena como sujeto político y el Estado que, esta vez, involucra a todos los poderes públicos. Se trata de un caso sui géneris en el cual constan, de un lado de la mesa el Estado y, del otro, el sujeto político comunitario. Entre ambos hay una agenda política que no puede ser soslayada y que, para su resolución, involucra al poder ejecutivo y, en suma, a todo el sistema político. 

Mas, quien pone las coordenadas de su resolución no es el Estado, es el movimiento indígena. Pero para que pueda ocurrir ese encuentro es necesario, previamente, vaciar, por decirlo de alguna manera, el espacio de la discusión, porque si no se lo hace, los intereses estratégicos de los actores políticos, en tanto lo permite la estructura del sistema político, pueden alterar el equilibrio de fuerzas. 

En efecto, como se trata de actores oportunistas y estratégicos, porque así es el sistema político, buscarán cualquier asimetría en la coyuntura para provocar un desbalance que pueda favorecerlos de forma estratégica. Precisamente por ello, hay que vaciar ese espacio de todo comportamiento oportunista y estratégico, y es por ello que en la resolución del conflicto no puede entrar el sistema político sino quizá a posteriori y con un trazado de cancha ya determinado.

El movimiento indígena ha tenido un duro aprendizaje de lo que significan esos comportamientos oportunistas y estratégicos en el sistema político, porque tuvo que sufrirlos de manera directa de parte de su propio partido político, el movimiento Pachakutik. En varias oportunidades, en vez de ser parte de su proyecto de emancipación social, su propio partido político se convirtió en su adversario más complejo. Una especie de némesis del liberalismo en contra de la ontología política del sujeto comunitario.

El sujeto comunitario y la movilización: la tensión dialéctica de las instituciones indígenas

Una movilización de dieciocho días, con un nivel de control territorial absoluto y casi a escala nacional, con una intervención por parte de los comuneros indígenas sobre toda la red vial del país, y con una capacidad de incidencia en el debate político al extremo de haber suspendido la vida política y económica del país por ese lapso y obligar, finalmente, al gobierno a dar marcha atrás en la austeridad y revisar una serie de políticas públicas y económicas de ajuste fiscal, dan cuenta de la importancia política y estratégica del movimiento indígena. Entonces, cabe preguntarse: ¿Cómo logra el movimiento indígena un control territorial de esas características? ¿Cómo sustenta su poder de convocatoria? ¿Cómo se puede sostener una movilización nacional de tal calibre y envergadura?

Para poder responder a estas cuestiones, y como ya se había indicado, es necesaria una visión de paralaje sobre el movimiento indígena, esto es, dejar de verlo como actor social y asumirlo como sujeto político con su propio estatuto epistemológico y ontológico-político. Hemos visto ya el rol de una de las instituciones claves del sujeto comunitario, aquella de la regla del consenso, como el eje articulador entre la formulación de la agenda y su praxis. Hemos visto también como la movilización depura el espacio de la política de todo vector estratégico y oportunista para que pueda entrar la Agenda de Lucha y, por tanto, desde ahí, resolver el conflicto político.  Ahora bien, una vez que se formula la agenda desde el consenso y el diálogo, es necesario asumir la organización de la movilización desde sus aspectos políticos más generales hasta las cuestiones más pragmáticas, operativas y de procedimientos.

Para ello, entra en juego otra de las instituciones claves del sujeto comunitario, aquella de la minga. La minga (o también minka), es una de las instituciones más conocidas y analizadas desde la antropología en general y la antropología política en particular. Es gracias a esta institución que puede explicarse la magnitud, la complejidad y la vastedad de la organización indígena.

La minga es la forma por la cual se acumula y se canaliza la fuerza del sujeto comunitario. Es una de las instituciones más comunes y más conocidas, en especial por sus interpretaciones económicas, porque permite acumular fuerza comunitaria para resolver problemas comunitarios que, de no existir la minga, habrían sido imposibles de lograr. Desde una siembra en una chacra determinada hasta la construcción de caminos o sistemas de regadíos, la minga expresa la posibilidad de acumular fuerza comunitaria y proyectarla para la resolución de los problemas comunitarios.

Pero acumular la fuerza comunitaria para luego proyectarla hacia algo implica consensos y acuerdos. Esa fuerza comunitaria, para ser efectiva, necesita sustentarse en el consenso. La forma más fenoménica de la minga es aquella del trabajo comunitario, es decir, como despliegue de fuerza física e intelectual de los comuneros para resolver problemas que pueden ser individuales o comunitarios. 

No obstante, detrás de la minga hay uno de los principios éticos y filosóficos más importantes del sujeto comunitario y que, mutatis mutandis, tiene la misma importancia que la función de utilidad del sujeto individual de la modernidad capitalista; se trata del principio de reciprocidad.

En efecto, de la misma manera que la función de utilidad del sujeto individual permite la construcción teórica de todo el discurso de la economía moderna y explica los comportamientos económicos en la globalización capitalista, tanto de las corporaciones cuanto de los consumidores globales, así la reciprocidad, en cambio, explica, refiere y contextualiza el comportamiento del sujeto comunitario.

Si hay algo que permite la concentración de la fuerza comunitaria dentro de circunstancias determinadas para luego proyectarlas hacia la resolución de esas circunstancias es, precisamente, el principio de reciprocidad. Gracias a la reciprocidad se puede establecer el tejido comunitario. Es tan importante el principio de reciprocidad que es el fundamento mismo de ese tejido comunitario, al extremo que Marcel Mauss, por ejemplo, haya visto en ese fenómeno lo que él denomina, un hecho total, es decir, una condición tanto de posibilidad cuanto de existencia del sujeto comunitario en tanto sujeto. Así, el sujeto comunitario no puede existir ni ser en términos ontológicos por fuera del principio de reciprocidad.

La minga como expresión del principio de reciprocidad convoca a la cooperación y la colaboración sin remuneración y sin otro aliciente que la reciprocidad. La minga es la expresión más práctica y factual de la puesta en obra de ese principio de reciprocidad.

Ahora bien, una cosa es la minga para resolver problemas del mundo comunitario y otra diferente es la minga en la trama de la movilización social y política. En efecto, el sujeto comunitario acude, para la organización de la movilización, de aquello que tiene  a mano y, en este caso, es la minga y su cosmovisión del mundo basada en la reciprocidad como “hecho total”.

En estas circunstancias, la minga adquiere otro sentido y otra contextura. La minga es la acumulación de fuerza comunitaria pero, esta vez, se recurre a ella para proyectarla desde la comunidad para sustentar la movilización y, desde ahí, resolver el conflicto político. Esto, por supuesto, altera la noción de minga y de reciprocidad porque las pone a prueba por fuera del sistema comunitario y en línea de confrontación directa con el Estado y a la trama liberal de la política. Entonces ¿cómo se afectan tanto la minga cuanto el principio de reciprocidad cuando son proyectados hacia la resolución de conflictos políticos de carácter nacional?

La minga, cuando es proyectada hacia la esfera de la política, también adquiere un sustrato político. Deviene, así, en una institución política. Es la institución sobre la cual descansa la organización, con todos sus detalles prácticos y operativos, de la movilización indígena. Pero es también la institución que permite abrir el espacio hacia otros sectores sociales para que puedan converger hacia la movilización indígena.

El principio de reciprocidad que sostiene a la minga, efectivamente, también permite que ese principio de reciprocidad apele a la sociedad. Los primeros convocados por ese principio de reciprocidad son los más pobres. Aquellos que viven en las barriadas más humildes y proletarias, son los primeros en recibir a los indígenas en sus marchas hacia las ciudades, en especial, hacia la capital de la república. No solo que los reciben, sino que los albergan, los protegen, los alimentan. La solidaridad de los pobres se teje con reciprocidad. La reciprocidad genera sentimientos de solidaridad y empatía. Desde esa solidaridad emerge y se consolida la resistencia. Ahora la movilización se transforma en una gran minga que ha convocado también a los más pobres.

Si la minga es la acumulación de fuerza comunitaria para canalizarla hacia la resolución de un problema, y si el sujeto comunitario traslada hacia esa institución su capacidad de movilización, entonces esa capacidad de movilización será la expresión de esa fuerza comunitaria trasladada hacia el campo de la política. Si la minga y el principio de reciprocidad permitieron y aseguraron la sobrevivencia de las comunidades durante siglos, es normal que ahora aparezca con toda su fuerza en los contextos de movilización indígena y que les otorgue una consistencia que, sin esas instituciones ancestrales, sería imposible de concebir. Esas movilizaciones indígenas son contundentes porque son fenómenos políticos totales (en el sentido que Mauss da al término).

Cuando el sujeto comunitario se moviliza, también se moviliza con él todo su mundo, toda su historia, toda su memoria y, justo por eso, esas movilizaciones son procesos de ontología política. Eso es lo inédito que aparece en estas circunstancias y que emergió desde el levantamiento indígena de 1990: la capacidad de haber transformado al actor social comunitario de un actor étnico o económico, en un sujeto político con una agenda no solo de resistencia sino también de emancipación social.

La estructura más íntima de la movilización del sujeto comunitario se explica, entonces, desde ese entramado complejo de instituciones comunitarias. Ahora bien, gracias a la minga se puede literalmente organizar algo que en otros contextos sería imposible, la movilización coordinada, estructurada y sostenida en el tiempo de decenas de miles de comuneros en todo el país. La movilización es una gran minga que proyecta la fuerza comunitaria pero también la organiza y la coordina. Gracias a esa minga se pueden articular líneas de abastecimiento, de relevos, de seguridad y protección, etc. 

De esta manera, en la movilización social la minga se politiza. Adquiere una consistencia relativamente nueva. Al politizarse también se transforma. Hay una dialéctica que otorga a esta institución indígena una composición cualitativa que la tensiona en el conflicto y la pone a prueba. La fuerza del sujeto comunitario en tanto sujeto, condensada y proyectada desde la minga, es enorme. Por ello puede desplegarse y sostenerse en el tiempo. Por ello puede copar, literalmente, todas las carreteras, calles y plazas. Por ello puede mantener el control territorial a escala nacional y durante todo el tiempo que dure el conflicto hasta su resolución.

Sin embargo, esto no puede ser comprendido ni explicado desde el Estado que todo lo ve desde el cristal del liberalismo, del mercado y del homo economicus. En las coordenadas epistemológicas del liberalismo la minga, como institución, desaparece. Quizá pueda ser asumida como un hecho antropológico pero no como un hecho político. Por ello, el liberalismo busca comprender ese hecho político de tanta contundencia a través de vectores exógenos. En su momento, se acudió al expediente de la CIA, al Foro de Sao Paulo, el narcoterrorismo, en fin, cualquier determinación exógena que, al menos, permita un mínimo de comprensión a un fenómeno inasible desde su propia epistemología.

Alguna vez, el economista inglés John Maynard Keynes decía que los economistas clásicos se comportan como geómetras euclidianos en un mundo no euclidiano, y reprochan a las paralelas por no mantenerse rectas. Quizá esta metáfora también sirva para los teóricos liberales que no pueden entender la política por fuera del liberalismo y, como no comprenden al sujeto comunitario y sus instituciones, optan por el camino más fácil: los desaparecen de su radar.

Violencia y poder en la movilización indígena: la fiesta y la apertura del tiempo

No obstante, la minga y la reciprocidad que permiten la condensación de la fuerza comunitaria y luego su despliegue, no pueden por sí mismas resolver la violencia del Estado y, además, el racismo. En efecto, la violencia del Estado es tan fuerte y tan masiva que busca derrotar a la movilización indígena a través de su desarticulación violenta. Es una violencia que busca generar una heurística del miedo, al mismo tiempo que quiere sacar a la movilización de su cauce político y convertirla, desde el discurso oficial, en una caótica protesta de personajes violentos que quieren destruir ciudades convocados por otros intereses y por sus propios resentimientos. De esta manera, la violencia del Estado, al intentar desarticular la movilización indígena, puede procesarla desde el racismo y, así, anularla políticamente. Cuenta para ello,  por lo demás, con el apoyo y soporte de los grandes medios de comunicación.

¿Cómo pudo la movilización indígena soportar esa violencia y ese racismo y nunca perder su cauce? Para explicarlo es necesario acudir a una de las instituciones más complejas y difíciles del sujeto comunitario: la fiesta; es difícil y compleja porque su deriva hacia la antropología es casi inmediata. Se trata, en este caso, de comprender la fiesta en tanto institución dentro de la politicidad generada desde la movilización y en resistencia al neoliberalismo. No se trata, por lo tanto, de establecer los contenidos antropológicos de la fiesta indígena, ni su inscripción dentro de lo dionisíaco y lo apolíneo, ni tampoco su religiosidad, sino más bien realizar una interpretación al tenor del acontecimiento político generado desde la movilización del sujeto comunitario; es decir, cómo sale a flote en un contexto dramático y de máxima tensión, como es la violencia política del Estado en contra de la movilización indígena, una dimensión que atraviesa al sujeto comunitario y lo constituye en su relación con el tiempo, es decir, la memoria del futuro que se construye desde la proyección del pasado. Si la minga se politiza, también se politiza el tiempo del sujeto comunitario. Pero el tiempo del sujeto comunitario se condensa y se define dentro de la fiesta.

En efecto, la fiesta, para el sujeto comunitario, en última instancia, tiene que resolver un problema que no existe en la modernidad y tampoco para el sujeto individual moderno: la apertura del tiempo. El sujeto comunitario vive el tiempo de una manera diferente al sujeto individualizado de la modernidad. En la estructura ontológica del sujeto comunitario, el tiempo social e histórico se pliega y repliega en una especie de continuum que vuelve siempre sobre sí mismo. Es una especie de circularidad abierta que, gráficamente, puede ser representada en la forma de un caracol. Avanzar hacia el futuro también significa retroceder en el tiempo. Es una visión compleja y diferente a la forma de vida de la modernidad y que no tiene que ver con el tiempo físico, sino más bien con esa ontología del tiempo que fue reflexionada, entre otros, por Bergson y Heidegger, pero esta vez desde los contenidos ontológicos del sujeto comunitario. La forma por la cual el tiempo puede inflexionarse, para el sujeto comunitario es, justamente, la fiesta. Por ello quizá sea necesario comprenderla más allá de sus contingencias para visualizarla como parte de la estructura ontológica del sujeto comunitario.

En tanto fiesta es sacralidad y en tanto sacralidad tiene que ver con la violencia del mundo. La fiesta es la apertura ontológica del mundo. Por ello puede involucrar una violencia que puede ser restauradora del mundo. Esa forma primigenia de la apertura del mundo se ha conservado en el mundo indígena en algo que se denomina “la toma de la plaza”. Ahora bien, es ese sustrato de violencia primigenia del mundo que aparece en la fiesta lo que permite, de alguna manera, absorber la violencia del Estado y, también, el racismo. 

En el contexto de la movilización indígena, la fiesta actúa como un mecanismo que mantiene su cohesión y estructura. En otros contextos y sin esta institución, cualquier otro movimiento social habría sido desarticulado ante el despliegue de la violencia política del Estado. De hecho, ha pasado varias veces con el movimiento obrero que ha sufrido verdaderas masacres desde el poder del Estado manejado por la burguesía y, hay que reconocerlo, al movimiento obrero le ha costado muchísimo reponerse de esa violencia política, de esa lucha de clases.

Una precisión se impone: no significa que las movilizaciones sociales sean asumidas como una fiesta ni que tampoco sean antropologizadas a fortiori. Se trata de comprender al sujeto comunitario, como decía Mauss, como un hecho total en su proyección política. Cuando el sujeto comunitario se moviliza también se moviliza la estructura ontológica de su mundo y en su mundo la fiesta es determinante.

De la misma manera que el sujeto individual de la modernidad, cuando hace política por fuera del sistema político, hace acción colectiva, es decir, proyecta su ontología política (su ser en el mundo) hacia la resolución de los conflictos del mundo, de esta misma forma, el sujeto comunitario, cuando hace política, proyecta al mundo su propia ontología política. El sujeto comunitario no tiene otra manera de ser en el mundo, y cuando decide ir a una movilización nacional y, en ese contexto, es reprimido, torturado, asesinado, judicializado, racializado, desde el poder del Estado, no solo que soporta esa violencia sino que la resuelve porque puede integrarla en su ontología política.

La minga acumula fuerza indígena, pero la movilización la convierte en festiva y, cuando es reprimida, la movilización indígena no se desarticula ni se detiene, porque puede, inmediatamente, asumir e inscribir la violencia de esa represión dentro de los contenidos de apertura del tiempo, porque sabe que la movilización en definitiva es eso: la apertura del tiempo político en una escala diferente, aquella de la emancipación social; justo por ello, el primer levantamiento indígena de 1990, se denomina: “Levantamiento del Inti Raymi” (la fiesta del sol), no solo por la coincidencia de fechas, sino porque en todo levantamiento indígena está de por medio el retorno del tiempo nuevo. Esa apertura del tiempo político tiene un nombre específico para el sujeto comunitario, lo ha denominado como “Pachakutik” (que se puede traducir como el retorno del nuevo tiempo), y es ese nombre el que ha dado para su principal movimiento político.

La violencia política del Estado se enfrenta a una forma diferente de respuesta. Esa violencia política es interiorizada y procesada desde los contenidos y las formas de la fiesta como apertura del tiempo hacia el tiempo nuevo. Así, la violencia del Estado puede ir in crescendo, como efectivamente ha sucedido; puede provocar muchas víctimas, como en efecto lo ha hecho, pero la movilización indígena puede defenderse de esa violencia y nunca salir de su cauce político. Aquello que la inscribe dentro de ese cauce es la convicción que su lucha, y aquí se justifica el gerundio, está abriendo un tiempo nuevo. En ese tiempo nuevo subyace una de las determinaciones más importantes de su promesa emancipatoria.

Es por eso que el discurso del poder que presenta el derecho a la resistencia como vandalismo y violencia ciega y sin razón de terroristas, es el correlato del supuesto financiamiento externo de sus movilizaciones. En ambos casos, el racismo del poder es la consecuencia lógica de la desaparición ontológica al sujeto comunitario.

Por supuesto que hay otras instituciones indígenas, como por ejemplo la guardia indígena, o la justicia indígena, entre otras, que también entran en juego en este contexto de lucha social y movilización. Pero se han señalado aquí aquellas que pueden permitir comprender y explicar la fuerza, la contundencia y la amplitud de las movilizaciones indígenas tanto de octubre de 2019 cuanto de junio de 2022.

Conclusiones

Pienso que hay un proceso de retroalimentación entre la forma que tienen las instituciones indígenas que, además, provienen desde una trayectoria ancestral, con su praxis política. Esa praxis política altera las instituciones indígenas. Las inscribe dentro de una trama de politicidad que influye sobre su cosmovisión del mundo pero también sobre la percepción que tienen sobre sí mismos. 

Esas instituciones ancestrales, desde el primer levantamiento indígena de 1990 hasta el levantamiento de junio de 2022, se han transformado cualitativamente porque se han politizado en su confrontación contra el neoliberalismo.

Es cierto que esas movilizaciones indígenas se han apalancado sobre esas instituciones (la regla del consenso, el diálogo comunitario, la minga, la fiesta, la reciprocidad, en fin), pero cuando esas movilizaciones indígenas confrontan las estructuras de poder y reciben la violencia del poder, esas instituciones ancestrales cambian, se actualizan. Son transformaciones internas, quizá imperceptibles incluso para el mundo indígena, pero definitivamente adquieren otra consistencia. 

De una parte deben permitir la defensa del tejido comunitario y, de otra, se exteriorizan hacia la sociedad para resistir la agresión y la violencia del neoliberalismo. Se despliegan como si fuesen un paraguas que cubre a toda la sociedad pero, en especial, a los más pobres, a los más vulnerables. Esa forma de exteriorización es importante porque asume un rol relativamente nuevo: dan forma al discurso de la emancipación social. 

Cuando esas instituciones ancestrales fundamentan y permiten la formulación y la praxis de la emancipación social, la estructura ontológica de su mundo se convierte en ontológica-política. Es por ello que hay un cambio entre las sublevaciones y rebeliones indígenas de los siglos XVIII-XX con el levantamiento indígena de 1990 y posteriores. 

El punto que marca la transición del movimiento indígena como sujeto político y que permite la emergencia de un proyecto de ontología-política en clave de emancipación social es su discurso del Estado Plurinacional, porque gracias a este concepto se puede abrir el campo de posibles históricos desde la misma trama liberal del mundo.

Hasta antes de 1990 las luchas reivindicativas por la tierra, la cultura, el territorio, la educación intercultural, entre otras, le circunscribían a los pueblos indígenas dentro de las coordenadas étnicas y los inscribían dentro de una larga trayectoria de denuncia por las duras condiciones de vida de los comuneros indígenas, en especial, aquellas que tenían que ver con el sistema hacienda y el huasipungo, el concertaje, entre otros. 

Pero las reformas neoliberales y la modernización capitalista hacen explotar por los aires al sistema hacienda y las formas precarias de producción y distribución, pero mantienen la misma estructura de dominación política sobre los pueblos indígenas, una dominación que, además, se fundamenta en criterios de racialización para generar exclusión, discriminación y violencia. La lucha de clases gira hacia la discriminación y el apartheid. 

La modernización capitalista no alteró en nada esos patrones racistas de dominación. Sin embargo, cuando en 1990 el movimiento indígena organiza y lleva adelante el primer levantamiento bajo la propuesta del Estado Plurinacional, altera los contenidos de la dominación y proyecta a los pueblos indígenas de manera diferente a las coordenadas étnicas y reivindicativas de la lucha por la tierra, el territorio, la cultura, la educación intercultural, entre otros. 

Aquello que quieren ahora transformar de manera radical es la estructura misma del Estado, una estructura que había sido codificada desde la fundación de la república bajo coordenadas liberales; es decir, se crea un Estado en donde la inmensa mayoría de la población, no puede acceder al contrato social porque les ha sido negada su condición de ciudadanos por su pertenencia étnica. Ahora bien, ese horizonte del Estado Plurinacional se transforma en contenido emancipatorio cuando el movimiento indígena comprende que la lucha por el Estado Plurinacional pasa también por la resistencia al neoliberalismo. 

No puede construirse ni pensarse al Estado Plurinacional dentro de las coordenadas del neoliberalismo. Toda la década de los años noventa será una lucha de resistencia al neoliberalismo. Esas luchas y resistencias transforman cualitativamente al movimiento indígena y cambian sus instituciones ancestrales, porque lo único que tienen a mano para resistir al neoliberalismo es su propia forma de vida. Durante décadas, las comunidades indígenas fueron objeto de estudio de la antropología que, es necesario decirlo, nunca los asumió como sujetos políticos y, menos aún, nunca los reconoció su estatuto de ontología política. 

Por supuesto que tienen sus propios referentes teóricos que provienen desde la resistencia a la conquista y, posteriormente, al sistema hacienda, pero esas referencias, hasta el momento, no han conformado un corpus teórico lo suficientemente importante y trascendente como lo fue el caso de la clase obrera y el pensamiento marxista. 

En consecuencia, aquello que tenían y tienen a mano es su vida comunitaria, su cosmovisión del mundo y sus instituciones ancestrales. Es eso lo que ponen a funcionar en su resistencia al neoliberalismo y en sus movilizaciones políticas. Es sobre eso que fundamentan, sostienen y consolidan su resistencia y su movilización, y es eso lo que altera de forma trascendente las coordenadas de la dominación política, y es eso lo que ahora es necesario comprender, analizar, visibilizar.

BIBLIOGRAFÍA

Asamblea Nacional del Ecuador. (2008). Constitución de la República del Ecuador. Quito: Asamblea Nacional del Ecuador.

Badiou, A. (1988). El Ser y el Acontecimiento. Buenos Aires, Argentina: Manantial.

Banco Central del Ecuador. (31 de mayo de 2022). Información Estadística Mensual. Estadísticas (2.043) . Quito, Ecuador: Banco Central del Ecuador.

Becker, M. (2007). Comunistas, indigenistas e indígenas en la formación de la Federación Ecuatoriana de Indios y el Instituto Indigenista Ecuatoriano. Iconos. Revista de Ciencias Sociales (27), 134-144.

Bibliografía

Biset, E. (2013). Ontología Política. Esbozo de una pregunta. Revista Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Filosofía y Humanidades , XXI (27), 121-136.

Biset, E., & Farran, R. (2011). Ontologías Políticas. Buenos Aires, Argentina: Imago Mundi.

Byu-Chan, H. (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.

Castro Gómez, S. (2008). La Hybris del punto cero. Ciencia, raza e Ilustración en la Nueva Granada (1750-1816). Caracas: Fundación Editorial El Perro y la rana.

CONAIE. (20 de junio de 2022). DEMANDAS DE LA MOVILIZACIÓN NACIONAL, POPULAR Y PLURINACIONAL. Recuperado el 09 de julio de 2022, de conaie.org: https://conaie.org/2022/06/20/demandas-de-la-movilizacion-nacional-popular-y-plurinacional/

Dávalos, P. (12 de 2008). El Sumak Kawsay y las cesuras del desarrollo. Recuperado el 15 de 12 de 2017, de Alainet.org: https://www.alainet.org/es/active/23920

Dávalos, P. (2011). La democracia disciplinaria. El proyecto posneoliberal para América Latina. Bogotá: Desde Abajo.

Dussel, E. (2000). Europa, Modernidad y eurocentrismo. En E. Lander (ED.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales perspectivas latinoamericanas (págs. 59-78). Caracas, Venezuela: UNESCO-FACES-UCV.

Echeverría, B. (2000). La modernidad de lo Barroco. México: Era.

Escobar, A. (2018). Otro posible es posible: Caminando hacia las transiciones desde Abya Yala/Afro/Latino-América. Bogotá, Colombia: Desde Abajo.

Estermann, J. (1998). Filosofía Andina. Estudio intercultural de la sabiduría autóctona andina. Cuzco-Quito: Abya Yala.

Girard, R. (2006). La violencia y lo sagrado. Barcelona: Anagrama.

IMF. (02 de May de 2020). IMF Executive Board Reviews Ecuador’s Remedial Actions, Data Revision Linked to Noncomplying Purchase. Recuperado el 09 de Julio de 2022, de imf.org: https://www.imf.org/en/News/Articles/2020/05/02/pr-20204-ecuador-imf-executive-board-reviews-remedial-actions-data-revision

IMF. (05 de October de 2020). Ecuador:Request for an Extended Arrangement Under the Extended Fund Facility-Press Release; Staff Report; Staff Supplement; and Statement by the Executive Director for Ecuador. Recuperado el 07 de julio de 2022, de imf.org: https://www.imf.org/en/Publications/CR/Issues/2020/10/02/Ecuador-Request-for-an-Extended-Arrangement-Under-the-Extended-Fund-Facility-Press-Release-49803

Iza, L., Tapia, A., & Madrid, A. (2020). Estallido. La Rebelión de Octubre en Ecuador. Quito: Ediciones Red Kapari.

Mauss, M. (1968). Essai sur le don. Forme et raison de l'échange dans les sociétés archaiques. Paris: Les Presses Universitaires de France.

Periódico El Comercio. (15 de Junio de 2021). Presidente Guillermo Lasso dispuso la liquidación de la firma Seguros Sucre. Recuperado el 10 de Julio de 2022, de elcomercio.com: https://www.elcomercio.com/actualidad/negocios/lasso-liquidacion-seguros-sucre-decreto.html

Polanyi, K. (2006). La Gran Transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. México: FCE.

Presidencia de la República del Ecuador. (07 de Julio de 2021). Decreto Ejecutivo No. 95. Recuperado el 10 de Julio de 2022, de minka.presidencia.gob.ec: https://minka.presidencia.gob.ec/portal/usuarios_externos.jsf

Quijano, A. (2014). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En CLACSO, Cuestiones y horizontes : de la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder (págs. 777-832). Buenos Aires: CLACSO.

Registro Oficial. (03 de mayo de 2021). Ley Orgánica Reformatoria al Código Orgánico Monetario y Financiero para la Defensa de la Dolarización. Informe Oficial (443) . Quito: Registro Oficial del Ecuador.

Registro Oficial. (16 de Diciembre de 2021). PROFORMA DEL PRESUPUESTO GENERAL DEL ESTADO CORRESPONDIENTE AL EJERCICIO ECONÓMICO 2022 Y LA PROGRAMACIÓN PRESUPUESTARIA CUATRIANUAL 2022- 2025. Oficial (599) . Quito.

Rivera Cusicanqui, S. (2010). Ch'Ixinakax Utxima. Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Buenos Aires, Argentina: Tinta Limón Ediciones.

Rosanvallon, P. (1979). Le libéralisme économique. Histoire de l'idée de marché. Paris: Éditions du Seuil.

Sierra, N. (2018). Territorios disidentes. Ensayos sobre las sociedades en movimiento. Quito, Ecuador: Abya Yala-Instituto d Estudios Ecologistas del Tercer Mundo.

Simbaña, F. (2005). Plurinacionalidad y derechos colectivos. El caso ecuatoriano. En P. Dávalos, Pueblos Indígenas, Estado y Democracia (págs. 197-216). Buenos Aires: CLACSO.

Superintendencia de bancos. (31 de dic de 2021). Portal Estadístico. Recuperado el 08 de julio de 2022, de estadisticas.superbancos.gob.ec: http://estadisticas.superbancos.gob.ec/portalestadistico/portalestudios/?page_id=415

Tobar, J. (2016). la Fiesta es una obligación. Artesanos intelectuales del Carnaval de Negros y Blancos en la imaginación de otros mundos. Popayán , Colombia: Editorial Universidad del Cauca.

Zavaleta Mercado, R. (1990). El Estado en América Latina (Vol. 3). Cochabamba-La Paz, Bolivia: Editorial Los Amigos del Libro.