miércoles, 22 de abril de 2026

LA MIRADA DE BRUEGEL

 LA MIRADA DE BRUEGEL

POR UN RETORNO DEL HUMANISMO

 

 

Pablo Dávalos

 

 

Introducción:

El destino de la palabra

 

Desprenderse del instante para asirse de la memoria, y perdurar, y saberse látigo o caricia, camino o laberinto, mar o continente, abrazo o despedida: la palabra humana es la condición metafísica de todo hombre, es ese ser que ratifica la condición humana y que en esa ratificación abre el espacio de cada individualidad para que en ella puedan caber las voces del mundo. Pero la palabra es también olvido y presencia: dialéctica de los instantes. Es pensamiento y es voz. En la palabra los hombres inscribimos el latir cotidiano de nuestra presencia, de nuestro paso por el mundo. En ese horizonte infinito de posibilidades hay valles, montañas, ríos, cascadas y todos los avatares que conforman la historia personal de cada ser que habita en el mundo. Pero hay también silencios, equívocos, frases que nunca debieron decirse y que lastiman, y que, a veces, persisten en la memoria para hacernos recordar el poder que tienen las palabras. Pero también son continentes que mienten, manipulan, se enroscan en los significantes para ocultar sus significados: semiosis equívocas, artilugios, sinsentidos cargados de sentido, formas sinuosas de no querer decir lo que se dice. Pero la palabra incluso en esos juegos de espejos entre la verdad y la sombra, ratifica al pensamiento, a la voz que se afirma en el presente, que quiere existir, que reclama ser escuchada, continente en el que los mares de los encuentros van dando forma permanentemente. Rescatar la palabra es también rescatar la ontología de la poiesis, es hacer de todos, artesanos del presente, lectores permanentes de la memoria, apuestas en contra del olvido.

 

 

1. La Conversión de San Pablo (1567)

 

La caravana cruza la montaña.  Al fondo, entre dos grandes peñascos, se divisa el mar. Un cielo ocre se confunde con el color de la roca. Se divisan las lanzas que vienen desde la lejanía, casi desde ese mar plomizo que apenas se entrevé. Suben una pendiente ardua y vuelven a perderse en un recodo de la montaña. Un flujo de personas en medio de una naturaleza agreste. Un ir hacia alguna parte que se nota en los pasos, en la dirección, en la forma en la cual la caravana construye su camino. Una sensación de movimiento, de flujo constante está presente en toda la representación del cuadro.

 

El manejo de los colores demuestra la maestría de la paleta del pintor flamenco: claroscuros que conducen la mirada, que evocan, que dicen, que suscitan. Un primer plano nos muestra a un oficial de espaldas, al lado de él, casi al centro, un campesino lleva un borrico: lo cotidiano que confirma y contradice lo histórico. Entre el extremo inferior izquierdo y el superior derecho, como un río que asciende, las tropas cruzan los peñascos. Son sombras diminutas, casi indistinguibles de sus lanzas que se pierden en el horizonte, por un camino que serpentea entre las montañas ¿Son los Alpes? ¿Son las tropas españolas cruzando Padania? ¿Es el imperio español conquistando los Países Bajos? Los soldados, efectivamente están representados con los uniformes que a la época utilizó el ejército español. Algunos campesinos flamencos mezclados con los soldados parecen decir que el paisaje representado por Bruegel es Flandres.  

 

La crítica reconoce en este cuadro una inspiración de tipo más bien político. El pintor habría utilizado un motivo bíblico para expresar el deseo de libertad de las provincias flamencas en contra de los españoles. Por lo demás, vamos a encontrar esta intencionalidad en algunas obras de Bruegel. De hecho, sus biógrafos señalan que Bruegel habría ordenado a su mujer quemar ciertos bocetos porque sus textos y motivos eran muy "ofensivos y mordaces".

 

Pieter Bruegel, dicho el Anciano, murió el 5 de septiembre de 1569, dos años después de la entrada del Duque de Alba en Bruselas. La fecha es clave. El cuadro se sitúa justamente en ese periodo crucial para los flamencos. Su independencia política está seriamente amenazada. Bruegel muere justo antes de que se declare la insurrección de los Países Bajos en contra del imperio español. Para el biógrafo Carel Van Mander, los motivos políticos se mezclan con el lenguaje pictórico. 

 

Pero, ¿porqué llamar al cuadro "La conversión de San Pablo"? ¿porqué el motivo bíblico y porqué justamente San Pablo? En el cuadro, San Pablo está en el cuadrante superior derecho, casi al centro de la representación. Ha caído de su caballo, quizá estremecido por la voz divina, quizá atemorizado por el poder celestial, quizá atónito ante la majestad de la tarea que tendrá que cumplir. Parece hablar con un soldado mientras algunos miembros de la tropa lo observan. 

 

Un caballero vestido de negro sobre un caballo blanco también observa a Pablo. Está de espaldas a nosotros. Pero lo suficientemente resaltado para que su presencia pueda ser notada.  Su mirada parece indiferente. Como si atravesara el espacio sobre el cual está Pablo y no pudiese o no quisiese comprender la magnitud del evento que sus ojos contemplan. El caballero negro se sitúa en un plano superior al de Pablo y parecería que lo mirase desde arriba. Es la mirada de la arrogancia. Es la mirada del poder. ¿Se trata acaso del Duque de Alba? ¿Quiso Bruegel retratar su crueldad alejándolo de la religión que decía profesar? ¿Quiso vengarse del régimen de terror que el Duque de Alba instauró en las provincias flamencas, haciéndolo indiferente al evento más importante de toda la religión cristiana? 

 

De ser cierta esta hipótesis, a través de un sutil juego de esquivos, el pintor habría condenado al poder utilizando sus mismos argumentos, encerrándolo en un juego de significaciones por las cuales lo convertiría en apóstata. Pero no nos adelantemos. 

 

 Saulo de Tarso, dicho San Pablo por el cánon, es el perseguidor que adopta la causa de los perseguidos. De victimario se convierte en víctima. Su conversión es uno de los motivos más importantes en el advenimiento histórico del cristianismo. La verdad de su vida no está probada. Pero, ¿merecen los símbolos demostrar su evidencia histórica? Saulo será Pablo. El cruel romano se transformará en el activo militante de una secta que aún no sabe que el futuro le pertenece. Será su fundador y su principal teórico. Sus palabras darán sangre al verbo cristiano. Darán vida a la leyenda de un carpintero que hacía milagros de circo para probar que era el hijo del Hombre. Es el verdadero padre de la nueva religión. Figura emblemática y compleja. Los detalles de su conversión son ambiguos y dejan libre el espacio para la duda. Pero ese momento del aparente encuentro con la voz celestial es el clivaje para cambiar radicalmente su vida. 

 

La historia reconoce el pluralismo y la tolerancia de los Antoninos. De Severo a Marco Aurelio, pasando por Adriano, el imperio romano vive sus mejores días. Es la época de la pax romana. Los mercaderes acuden a diario y por miles a Roma, el centro vital del imperio. Éste está mejor que nunca. Florece y se consolida. Los bárbaros están contenidos por una fortaleza que diariamente se hace más próspera. Es esta la época en la que el hijo de Simón, que se hará llamar Bar-Kocheva, o el Hijo de la Estrella, encabezará una minúscula rebelión en uno de los confines más remotos del imperio, y provoca la segunda destrucción del templo de Jerusalém. Nace así la diáspora. 

 

Es en medio del desierto, entre pueblos a veces generosos, a veces hostiles, a veces indescifrables, que la diáspora judía empieza a crear el mito de la redención. La figura del carpintero que hace milagros, se conjuga con la sombra crucificada de Bar-Kocheva. Dios no puede abandonar a su pueblo preferido. Tantas plegarias no pueden caer en el vacío. Tanto dolor no puede ser olvidado. Dios castigará a los impíos y premiará a los justos. Los profetas  no pueden haberse equivocado. Él había anunciado que el hijo del Hombre nacerá entre los humildes, entre los perseguidos, entre los humillados. De su voz más dolorida surgirá la esperanza que redimirá a este pueblo cansado de tanta sangre, de tanta violencia. A este pueblo errabundo que busca asentar raíces en el viento del desierto, el abandono de Dios significaría la primera muerte metafísica de todo un pueblo.  

 

Pero Dios no aparece y la búsqueda de la esperanza confunde los designios. Aparecen sectas que dividen aún más a este pueblo que se cree elegido. Los esenios se consideran puros, presagiando a los cátaros de la edad media, y deciden separarse de su pueblo. Están también los rebeldes celotas. ¿No fue acaso el Hijo de la Estrella un celota? Y qué decir de los idumeos siempre identificados con el poder. ¿Y si aquel que vino a salvarnos fue uno de aquellos crucificados por el poder romano? ¿Fue acaso Bar-Kocheva, el enviado de Dios, el Mesías? ¿Porqué no pudimos reconocerlo? Si es él, entonces su rebelión fue justa, ése es el camino que ha indicado Dios. El camino de las armas y de la venganza. ¿No se lo llama acaso  Jehová de los ejércitos en el antiguo testamento?  

 

Es en ese punto en el que las dudas amenazan con derribar la fe, y enredar los designios que Saulo se convierte. Sí, dice Saulo, ahora convertido en Pablo, sí, el Mesías, el Redentor vino a salvarnos. Pero ¿cómo escucharlo cuando nuestras culpas son más graves que nuestra esperanza? ¿Cómo distinguirlo cuando se busca en todas partes? ¿Cómo saber que era Él cuando no habíamos confiado en la voz antigua de los profetas? Sí, el redentor vino y murió por nuestras culpas. Saulo, la voz indescifrable del evangelio, toma la leyenda y la convierte en religión. Su conversión marca el inicio de la nueva fe. De no haber mediado su voz, la leyenda del carpintero que hacía milagros de circo se habría perdido en el olvido. 

 

¿Estuvo consciente Bruegel de la importancia de Saulo? Todo parece indicar que sí. Pero Bruegel, mira de otra manera a Saulo. Su mirada está impregnada de los cambios que anuncian el resurgimiento del hombre, y de aquello que Habermas dirá bellamente "la profanación de lo sagrado". 

 

Bruegel profana con su mirada a Saulo. La epifanía se convierte en discurso en contra del poder. Si la figura de Saulo es central en la conformación del cristianismo, en "La Conversión de San Pablo", la figura de Saulo es accesoria. Su presencia se pierde en el conjunto del cuadro. Tenemos que buscarlo. El motivo no es explicitado por la representación: Saulo cae de su caballo. Un campesino, figura que se pierde entre la multitud, mira con reverencia y con temor al cielo, como quien apercibiese un rayo y trata de protegerse con su brazo. Lo acompaña en ese gesto de sorpresa mirando al cielo, un soldado. Pero los demás no ven al cielo, salvo aquellos que están junto a Saulo, que lo miran caer más con curiosidad que con asombro, los demás están empeñados en sus tareas. Como si la epifanía que acaba de realizarse no significase mayor cosa para la multitud. Como si la presencia de lo sagrado no bastase para turbar lo cotidiano, lo contingente, lo inmediato. 

 

Es un ambiente de indiferencia que rodea a toda la obra.  Como si Bruegel dotase de brevedad a lo absoluto y lo confundiese en lo inmediato, en lo perecedero. Es la representación de una escena cuyo movimiento siguiente será la lenta marcha de la caravana a través de la montaña en pos de su objetivo militar. 

 

Quizá Saulo, en ese momento posterior a la epifanía, se recupere de su asombro, se levante, monte su caballo y siga a la caravana, meditando en silencio sobre el significado de su visión. Quizá regrese a ver y encuentre la dura mirada del Duque de Alba, quien quizá sin saber aún porqué no lo increpará, o quizá lo haga por haber retardado la marcha de la tropa. ¿Cómo contar, cómo anunciar a aquellos que lo rodean el mensaje del cual Saulo se cree portador? 

 

Toda esta alegoría de la imagen nos permite comprender la mirada de Bruegel. Una mirada que se reconoce como proveniente del humanismo que empieza a nacer, que va configurándose. El hombre está condicionado por las estructuras de poder a las que pertenece sin tener noción de ellas. El hombre es parte de la contingencia de la vida, una vida que se declara quizá más importante que lo sagrado. 

 

Años antes, quizá Bruegel habría concentrado su mirada en Saulo. Entonces, Saulo, con todo su asombro, con todo su miedo, con toda su condición humana fragilizada por la presencia de lo sagrado, habría estado en primer plano. Y habríamos sido testigos de esas arrugas en su rostro que denotaban la angustia, habríamos visto las montañas como una lejana permanencia. Y habríamos visto el rayo divino, precursor de las palabras sagradas: "¿porqué me persigues?". Y habríamos entendido ese poder de lo celestial que conminó a Saulo a convertirse en Pablo. Habríamos constatado los rostros impresionados de sus acompañantes, y habríamos sabido que nos encontrábamos en presencia de un acontecimiento de radical importancia. 

 

Pero años antes significaba la edad media. Significaba la primacía absoluta del Papa en Europa Occidental, y el poderío militar y económico del Vaticano. Significaba la preeminencia de la iglesia y la hipoteca teológica de la razón. Saulo habría sido Pablo y su conversión era parte de la mitología cristiana. No habría nada que nos indique la existencia de una ruptura, de un quiebre, de una desgarradura en la historia, pero ahora Bruegel empieza a alejarse de la figura de Saulo. 

 

Es un alejamiento revelador. Su campo de visión empieza a abrirse poco a poco. Ahora vemos a Saulo como parte de un evento más importante aún. Ahora, Saulo es parte de una historia, es un testigo de su tiempo. Es cierto que ha escuchado la voz divina. Es cierto que su tarea será la de fundar una nueva religión, pero no por ello deja de pertenecer a su historia, a su tiempo, a sus voces. 

 

La mirada de Bruegel se separa aún más de Saulo, y ahora éste es apenas un punto inindistinguible dentro del maremágnum de presencias que lo rodean. Pero, ¿porqué Bruegel se aleja para mirar su entorno? ¿Porqué ahora es Saulo el eje de su representación? Bruegel se aleja no para mirar a Saulo en la epifanía, sino para mirar al Duque de Alba, la representación más inmediata y más física del poder y de su crueldad que él vivió. 

 

Bruegel mira al Duque de Alba, quien a su vez mira a Saulo convertido en Pablo. Pero es en realidad un juego de sombras en el espejo de la representación, porque nos aventuramos a suponer que aquella figura de negro es el Duque de Alba, y, mayor atrevimiento aún, suponemos conocer la mirada de éste porque está de espaldas a nosotros. 

 

¿Cómo suponer qué mira aquel que está de espaldas a nuestra visión? ¿Cómo lograr el efecto de su mirada sobre un acontecimiento trascendental? ¿Cómo percibir indiferencia, menosprecio o cualquier otra sensación de esta mirada que no vemos? ¿Cómo mirar lo que se esconde a nuestros ojos y tener sobre ello un juicio crítico? Sin embargo, esa mirada está allí. 

 

Sabemos, o creemos saber, que esa figura de negro es el Duque de Alba. Representación del poder y de la crueldad. Y, quizá lo más enigmático, Bruegel nos muestra la mirada del Duque de Alba sin acudir a los signos de la representación. Es una mirada que remite al signo y confunde el significante. Que abre nuevas posibilidades a la representación desde la invisiblización de lo representado. El imaginario simbólico del poder, ha ido transformando la manera de leer los signos del mundo. Basta una mirada, basta un gesto, basta una forma de pararse, una forma de mirar, una forma de ladear la cabeza, una forma de asentir o decir no, entonces, nosotros sabemos que estamos frente a alguien que representa el poder, que se siente parte del poder, que es el poder. Ese pequeño y significativo universo de símbolos que nos remiten a una cotidianidad que establece sus códigos y sus referencias, y en la cual, nuestra vida, con todas sus tribulaciones, con todas sus angustias y esperanzas, con todos sus sueños y frustraciones, tiene ya un sitio asignado, tiene ya establecidas sus posibilidades. Ese universo de signos que nos hablan de una presencia poderosa. Es gracias a ese universo de esquivos que podemos ver sin mirar la mirada del Duque de Alba. Mirada que reprueba, que escruta, que interroga severamente, que controla, que sujeta al mundo dentro de sus coordenadas de dominio y control.

 

Bruegel esconde esa mirada en un sutil juego, como sombras de espejos, para mostrarnos aquella arrogancia del poder, que no se detiene ante lo sagrado, que no se inmuta ante la epifanía. Es parte de su venganza, es parte de su deseo de justicia, es parte de su forma de mirar y comprender al mundo. Bruegel no es más que un maestro pintor, demasiado lejos del poder para ser cómplice, demasiado cerca de su pueblo para ser indiferente. Un pintor con una mirada resquebrajada por los horrores de su tiempo, pero que no busca la evasión, y que desde su paleta quiere comprometerse, quiere decir, quiere gritar, quiere declararse intransigente con su época, con su presente.

lunes, 20 de abril de 2026

La Guerra del Ramadán y la emergencia de Irán como nueva superpotencia

 La Guerra del Ramadán y la emergencia de Irán como nueva superpotencia

Pablo Dávalos

Disipado el humo de la guerra, ¿qué nueva realidad se configura? ¿Qué nuevos relatos se fraguan? ¿Qué nuevas relaciones de poder y geopolítica emergen? La Guerra del Ramadán como la denominan los persas, es decir, la respuesta militar que dio Irán al ataque que sufrió en marzo de 2026 por parte de Israel y EEUU, rebasa todos los marcos teóricos y todas las hipótesis que se habían supuesto y, de manera sorpresiva, coloca a Irán en el rango de nueva superpotencia. 

Antes de esta guerra Irán soportaba el peso de las sanciones norteamericanas, israelíes, europeas y de los aliados de Occidente y hacía esfuerzos para demostrar su intención de uso pacífico de la energía nuclear. Sin embargo, y a pesar de estos esfuerzos, en 2025 ya fue atacado por Israel en una guerra que duró doce días.

El argumento que sirvió a Occidente para agredir a Irán fue aquel de la posibilidad de que produjese armamento nuclear, algo que Irán siempre ha negado, no por falta de capacidades técnicas, sino por un compromiso moral con sus propios principios religiosos. 

En los más de cuarenta días de la Guerra del Ramadán, Irán sufrió miles de ataques y bombardeos a instalaciones tanto civiles como militares. Se bombardearon a sus hospitales, a sus universidades, a sus centros de investigación, a barrios residenciales, a sus puertos, a sus centrales eléctricas, a sus carreteras, a sus navíos tanto civiles como militares, en fin. Fue amenazado, incluso, varias veces por el presidente norteamericano Donald Trump de ser borrado de la faz de la tierra como civilización, una amenaza que enuncia de manera directa al genocidio como política de Estado.

 La Guerra del Ramadán empezó con el ataque israelí y norteamericano a una escuela llena de niñas en Minab, Irán. Más de 160 de ellas murieron. Ni Israel ni EEUU se han disculpado nunca por ello. Claramente es un crimen de guerra; pero ni una sola palabra, ni una sola mención. Este crimen de guerra, desde su primer día, le quita todo fundamento moral y ético a EEUU e Israel. 

El ataque a Irán se produjo a pocos meses del ataque y secuestro al legítimo presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Una operación impecable en lo militar, pero que destruyó el orden jurídico mundial y creó una nueva realidad geopolítica marcada por la presencia del imperialismo en su fase más violenta. 

Ahora bien, pocos pudieron prever que este ataque a Irán que desencadenaría la Guerra del Ramadán se traduciría en una victoria militar de Irán y en su ascenso al rango de superpotencia regional y mundial. Todas las apuestas daban por sentado que se impondría el enorme poder militar, tecnológico y económico de EEUU. No había, al respecto, casi ninguna duda en Occidente sobre la forma por la cual Irán podría salir bien librado de estos ataques conjuntos entre Israel y EEUU.

El desmantelamiento de toda su cúpula religiosa, política y militar desde el inicio de los ataques, además, presagiaban casi un fin inminente para el sistema político de Irán y su proyecto de construir el islam democrático. Nadie dudaba de que la fuerza militar de EEUU e Israel, combinados, produciría una grave derrota a Irán, salvo los propios iraníes que demostraron que se habían preparado a cabalidad para una situación como esta. 

Empero de ello, el Pentágono y los militares norteamericanos, en oposición al optimismo desmesurado del Mosad y de Israel, siempre demostraron su escepticismo con respecto a las operaciones militares en Irán. Siempre fueron prudentes y señalaron que esos ataques podrían desencadenar represalias regionales y globales, como en efecto sucedieron. 

El presidente norteamericano Donald Trump, hizo caso omiso a todas las advertencias y dio luz verde para este ataque. Durante todos los días que duró la Guerra del Ramadán, el presidente Trump declaraba oficialmente que la guerra había terminado con una gloriosa victoria de EEUU. Estas declaraciones casi diarias llevaron a muchos sectores a dudar de la salud mental del presidente norteamericano, porque venían acompañadas de versiones sobre reuniones y acuerdos que nunca se habían realizado.

En medio del ataque contra Irán, Israel aprovechó la guerra para invadir el sur del Líbano con el pretexto de crear una zona de amortiguamiento hasta las orillas del río Litani, para, supuestamente, controlar a Hezbolá. Esto puso en pie de guerra a las milicias de Hezbolá que tienen un largo historial de enfrentamientos contra Israel y condujo a Israel a una guerra de desgaste territorial que lo llevó a acumular pérdidas en soldados, oficiales y maquinaria de guerra y movilizó la solidaridad de los persas hacia el Líbano y Hezbolá.

Así, la Guerra del Ramadán movilizó y puso en pie de guerra a Irán y sus aliados en Irak, Siria, Yemen, a Hezbolá en el Líbano y Hamas en la franja de Gaza. Fueron denominadas con un nombre significativo y de resonancias simbólicas fuertes: Eje de la Resistencia. La columna vertebral de este Eje de la Resistencia fue el Cuerpo Revolucionario de la Guardia Islámica (CGRI) y, con ellos, casi toda la población musulmana de orientación chií de la región.

De su parte, EEUU e Israel fueron denominados como coalición. Una coalición que nunca pudo sumar ningún otro aliado, salvo el caso anecdótico de Argentina y su desquiciado presidente Xavier Milei.

En la Guerra del Ramadán, Irán condujo una estrategia militar brillante que se sustentó en conceptos militares relativamente novedosos, como aquellos de asimetría, mando por mosaico, guerra de enjambre, encubrimiento efectivo de capacidades logísticas, entre otros. Cada movimiento táctico de Irán correspondía a la activación de estos nuevos conceptos y permitía que Irán asuma la conducción estratégica de esta guerra. Gracias a ello, siempre y desde sus inicios, fue Irán quien manejó el tempo, la intensidad, el relato y la estrategia. 

Irán nunca permitió que le sea arrebatada la conducción estratégica de la guerra y siempre pudo anticiparse a las jugadas de sus enemigos. Su respuesta, además, era legítima porque procedía desde el derecho a la autodefensa y su ataque a los países del Golfo se legitimaba porque se trataba de ataques a las bases militares desde donde, a su vez, se procedía a atacar a Irán. 

En efecto, Irán comprendió que detrás de la coalición entre EEUU e Israel, existía una coalición a la sombraconformada por los países del Golfo Pérsico, como Kuwait, Bárein, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Era desde estos países que se atacaba a Irán. Estos países eran el soporte logístico y de retaguardia a los ataques a Irán. Todos estos países de la coalición a la sombra son árabes, son islamistas sunitas y son monarquías sin Estado de derecho. Todos ellos tenían bases militares norteamericanas. Todos ellos conformaban parte de los intereses estratégicos tanto de EEUU como de Israel. Irán no se confrontaba, por tanto, solamente a la coalición EEUU-Israel, sino a un entramado más amplio que involucraba a los países del Golfo Pérsico. 

En ese contexto, mientras Irán desmantelaba las bases militares norteamericanas en estos países de la coalición a la sombra, tuvo la habilidad de impedir que EEUU involucre a la OTAN en la guerra; pero también tenía que impedir que el Mosad israelí, conjuntamente con la CIA, incendien el país y provoquen sublevaciones internas. La carta que tenía la CIA y el Mosad eran los kurdos y su afán independentista. Si ellos lograban movilizar a los kurdos se abría en Irán un frente interno que podía converger con las fuerzas sociales que la CIA y el Mosad habían movilizado a inicios de 2026 en contra del gobierno. 

Para neutralizar a los kurdos, Irán supo manejar una baza estratégica, aquella de comprometer a Turquía a una posición de alineamiento forzoso para impedir que los kurdos fueran utilizados por EEUU e Israel, y que se conforme un Estado Kurdo que se convertía en amenaza no solo para Irán sino también para Turquía.

Para controlar su frente interno acudió a sus milicias internas Basij pero también movilizó las fibras del nacionalismo e hizo un llamado a las armas a toda la nación para defender su patria. A ese llamado acudieron 24 millones de iraníes (Irán tiene una población de más de 90 millones de personas). La guerra solidificó al sistema político iraní y a su proyecto del islam democrático.

El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán desde los primeros días de la guerra, fue un movimiento estratégico que transformó la Guerra del Ramadán en un evento global y que, por la globalización de la economía, abrió un frente interno en EEUU: aquel del incremento de los combustibles y su lógica conclusión con la desaprobación de los ciudadanos norteamericanos a las políticas de Trump. El norteamericano promedio no estaba de acuerdo en involucrarse en una guerra por encargo y que nada tenía que ver con los intereses de su propio país y que empezaba a perjudicar a su bolsillo.

Luego de más de cuarenta días, EEUU no sabía cómo salir de la guerra, mientras que Israel quería profundizarla e intensificarla. El precio del petróleo se disparó. La OTAN se hizo a un lado. Algunos gobiernos europeos llegaron incluso a negar que las bases militares, o sus puertos e infraestructuras sean utilizadas en esta guerra. EEUU se quedó solo. Pero fue aún mayor la soledad de Israel. Paulatinamente, las sociedades europeas y del resto del mundo empezaron a generar distancias con respecto al régimen político israelí y su apuesta cada vez mayor por la violencia e, incluso, el genocidio.

Mientras EEUU se quedaba solo, Irán, en cambio, acumulaba aliados. China hizo declaraciones específicas de apoyo a Irán y, bajo la cuerda, se supone que existía también colaboración militar y de inteligencia entre ambos países. Lo mismo con Rusia, quien también realizó varias declaraciones en apoyo a Irán y de quien Occidente sospecha de intercambio de inteligencia y armamento. Lo mismo Corea del Norte, quien asumió una posición más radical de apoyo a Irán y llegó, incluso, a ofrecer armamento nuclear táctico.

Sin embargo, quizá la jugada más estratégica de toda la Guerra del Ramadán no hayan sido los misiles balísticos de Irán, o su noción de guerra asimétrica, sino una decisión que altera de manera profunda toda la arquitectura de la globalización y de la hegemonía norteamericana. Se trata de la decisión de cobrar un peaje por el paso del estrecho de Ormuz en moneda china, el yuan, entre otras formas de pago.

Para tener la legitimidad y legalidad de cobrar un peaje por el estrecho de Ormuz de manera permanente, Irán tiene que, primero, nacionalizar el estrecho de Ormuz. Esto significa pasar de la táctica de guerra de cerrarlo/abrirlo, hacia el objetivo estratégico de controlar el comercio de los flujos energéticos del mundo (sobre todo gas y petróleo), hacia el objetivo geopolítico de que las demás naciones del mundo reconozcan la legitimidad y la legalidad de Irán con respecto a cobrar el peaje de tránsito por el estrecho de Ormuz. Algo que solo puede hacerse por vía legal y parlamentaria iraní.

La nacionalización del estrecho de Ormuz es una consecuencia inevitable de la Guerra del Ramadán. Con esa nacionalización, Irán puede controlar los flujos de energía a escala global y utilizarlos como un recurso heurístico para evitar nuevos ataques. Por eso, es imposible siquiera pensar o imaginar que el estrecho de Ormuz retorne a su situación antes de la Guerra del Ramadán. Se trata de una situación ya irreversible.

No obstante, la decisión más estratégica no es solo nacionalizarlo sino cobrar su peaje en otras monedas que no sea el dólar norteamericano, entre ellas, el yuan chino. Eso pone al dólar norteamericano en una posición de debilidad estratégica y fundamental, porque países y empresas que importan y comercializan energía, fertilizantes, helio, entre otros productos que genera el Golfo Pérsico, ahora tendrán que buscar otras monedas para adquirirlos y, para hacerlo, tendrán que desprenderse del dólar norteamericano.

Esto pone fin a los acuerdos entre petróleo y dólar suscritos por Arabia Saudita y EEUU en los años setenta del siglo pasado, y establece un punto de no retorno sobre el dólar y el sistema monetario internacional.

Ahora bien, es necesario contextualizar esta decisión de Irán en el hecho de que este país ha sufrido de manera directa las consecuencias de utilizar el dólar como moneda de intercambio global y los sistemas financieros, entre ellos el mecanismo de pagos interbancarios SWIFT. Irán, como Rusia, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, entre otros, fueron las víctimas de la guerra monetaria-financiera asociada a las sanciones y medidas adoptadas contra ellos por parte de EEUU y sus países aliados.

Estos países, para sobrevivir a las sanciones, han creado mecanismos alternativos y paralelos a la globalización financiera de tal manera que han podido eludir el peso de esas sanciones. Con la utilización de otras monedas y con otros mecanismos de pago y compensación, como, por ejemplo, el sistema de pagos y compensación ruso SPFS, la tarjeta rusa Mir que elude a Visa y Mastercard, el sistema chino de pagos interbancarios Cross-Border (CIPS), el dólar norteamericano pierde, de hecho, su posición de hegemonía y referencia en el comercio global.

De esta manera, de una parte, la necesidad de eludir las sanciones contra varios países y, de otra, la Guerra del Ramadán, terminaron por crear una nueva realidad: la pérdida de hegemonía monetaria y financiera del dólar norteamericano. 

En efecto, al desconectar al petróleo del Golfo Pérsico del dólar, Irán realiza una jugada a varias bandas: devuelve el sentido de las sanciones económicas en contra su país de origen, esto es, EEUU; internacionaliza al yuan chino y provoca una adhesión geopolítica fuerte entre China e Irán; fortalece los sistemas paralelos de pago y compensación global, entre ellos el CIPS chino y el SPFS ruso y abre alternativas legítimas, legales y viables al único canal existente hasta el momento (el sistema SWIFT); coloca a Irán en una posición de arbitraje financiero-monetario a escala global que incide directamente sobre todos los países del Golfo Pérsico e, indirectamente, sobre los países árabes porque tiene la capacidad no solo de controlar sus exportaciones sino, también, sus importaciones; al desconectar el petróleo del Golfo Pérsico al dólar norteamericano, ejerce una presión indirecta sobre la deuda pública de EEUU y sobre los instrumentos monetarios de la FED.

Esas consecuencias solo pueden provenir de un país que tiene peso geopolítico. Sin el correspondiente peso geopolítico estas jugadas a varias bandas serían inimaginables. Fue la Guerra del Ramadán la que condujo de manera directa a Irán como árbitro monetario y financiero a escala global y con capacidad de dirimir geopolíticamente a todo el Oriente Medio.

Entonces, no es descabellado ni exageración alguna indicar que la Guerra del Ramadán produjo una de las mayores transformaciones geopolíticas de las últimas décadas, al colocar a Irán como superpotencia regional y global, porque solamente desde esa posición puede entenderse que Irán sea el primer país en el mundo que ha definido, establecido y puesto en marcha un conjunto de sanciones económicas contra EEUU e Israel; algo que nunca lo habían hecho ni intentado potencias como Rusia o, en menor medida, China.

Puede también apreciarse que Irán no necesitó de acudir a la disuasión nuclear para tener ese rol de superpotencia. De hecho, si Irán hubiese apostado a la disuasión nuclear habría tenido el mismo destino que Corea del Norte, sufrir por parte de Occidente una especie de cordón sanitario de aislamiento y repliegue permanente sin llegar a consolidarse como potencia regional. En ese sentido, Irán pudo conseguir un mayor peso sin apelar a la disuasión nuclear.

Así, Irán, se convierte en el primer país que sanciona económicamente a EEUU. Es un hecho inédito. Las sanciones siempre fueron unilaterales. Siempre provenían desde EEUU y sus aliados. La Guerra del Ramadán le otorga a Irán la fuerza militar, política y financiera, para que sea el primer país del mundo que sanciona económicamente a EEUU. Para evitar esas sanciones de Irán, los aliados de EEUU se hicieron, prudentemente, a un lado.

Existen muchas interrogantes sobre esta nueva situación geopolítica. EEUU no va a permitir esta situación porque supone el inicio del fin de su imperio. ¿Acudirán EEUU e Israel al expediente de utilizar armas nucleares tácticas para resolver este impasse? En el caso que llegaran a hacerlo, ¿Qué consecuencias puede provocar esa escalada? ¿Podrá sobrevivir Israel a futuro si llega ese escenario? Y EEUU, ¿cómo justificar su discurso liberal e imperial si ocurre esto? Otra consecuencia tiene que ver con las petromonarquías del Golfo Pérsico: ¿cuál es su futuro político? ¿Cómo podrán confrontar al islam democrático de Irán? ¿Es plausible pensar en el derrumbe de los sistemas políticos de estas petromonarquías? ¿Es posible pensar en el “fin de Occidente”?

Responder a estas cuestiones supone intuir el nuevo orden mundial que empieza a emerger desde la Guerra del Ramadán. Gramsci siempre tuvo razón, entre el viejo orden que muere y el nuevo que nace, surgen los monstruos. Israel y EEUU han asumido ese rol de monstruos que anuncian un mundo diferente.

 

jueves, 5 de marzo de 2026

¿Por qué Israel y EEUU pueden perder la guerra con Irán?

 ¿Por qué Israel y EEUU pueden perder la guerra con Irán?

Elementos para el análisis

 

Pablo Dávalos

El sábado 28 de febrero de 2026, en horas de la mañana, Israel y EEUU lanzaron un ataque múltiple en contra de Irán. Producto de ese ataque el Ayatollah Ali Khamenei, parte de su familia, incluyendo su nieto, y una parte importante de altos mandos del ejército, así como del denominado Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), e incluso miembros del gobierno fueron asesinados. El ataque fue simultáneo en otras varias ciudades de Irán y, producto de ello, 165 niñas y docentes de una escuela de Minab perdieron la vida, entre otras víctimas. 

Es necesario indicar que este ataque se produce en plenas negociaciones entre el gobierno de Irán sobre el uso de materiales nucleares; de hecho, dos días antes, el 26 de febrero de 2026, se habían iniciado lo que se consideraban las negociaciones finales entre Irán y EEUU sobre el programa nuclear iraní. La delegación iraní, en esta oportunidad estaba optimista y presentó propuestas que, a su criterio, eliminarían todos los pretextos de Estados Unidos con respecto al programa nuclear pacífico de Irán, y eso podría conducir a la eliminación de las sanciones contra su país, de conformidad con el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní Esmail Baghaei.

Quizá el hecho de que Irán de alguna manera confiaba en el avance de las negociaciones con EEUU sobre su programa nuclear haya relajado su atención sobre la presión que Israel ejercía para escalar la guerra en Medio Oriente. En todo caso, la intención de EEUU con este ataque que se da en medio de negociaciones oficiales, era aprovechar el momento de reunión de los altos mandos del CGRI con el Ayatollah Khamenei para descabezar en un solo golpe a todo el aparato de gobierno y crear una situación de confusión, caos e incertidumbre para provocar un cambio de régimen. Al menos esas fueron las primeras declaraciones del presidente Trump al anunciar este golpe contra Irán.

Hay un contexto que explica el apresuramiento de Israel y EEUU por atacar a Irán: desde fines de diciembre de 2025 e inicios de enero de 2026, se produjeron en Irán una serie de protestas sociales como reacción a la crisis económica, al colapso del Ayandeh Bank, la crisis hídrica, la inflación creciente con aumento de los precios de los alimentos y la depreciación del rial iraní. Las protestas devinieron incluso, en ciertos sectores, en exigencias de fin de régimen. Estas protestas fueron reprimidas con suspensión de la conexión a internet y, algunas fuentes de derechos humanos vinculadas a Occidente y a agencias israelíes, acusaron al régimen iraní, incluso, de asesinatos en masa. En cualquier caso, EEUU e Israel consideraron que existía un sustrato social de descontento que podía orillar hacia una transición política que ponga fin al régimen iraní y, en ese sentido, la decapitación a los mandos políticos y militares podrían ser el empujón hacia esa transición.

El ataque a Irán y el asesinato a su máximo líder no solo político sino religioso, además, se produce en pleno Ramadán, es decir, el tiempo sagrado del islam y otorga a este asesinato todos los componentes de martirologio (shahadat) y de réplica con el imaginario islámico con respecto a otros mártires, como aquel del Imán Hussein en Karbala. Este elemento es clave para comprender luego la lógica de los eventos que se desencadenaron y que hacen que la CGRI entienda ahora el conflicto con EEUU e Israel como una Yihad, es decir, una guerra santa.

La cuestión es ¿por qué Israel presionó a EEUU para provocar un “cambio de régimen” en Irán? Si intentaban un cambio de régimen esto significaba que Irán era un obstáculo geopolítico para Israel y para EEUU en Oriente Medio. Una de las respuestas tiene que ver con el apoyo de Irán a Palestina y, en especial, a las milicias chiitas de Hezbolá. Así, Hezbolá e Irán son el límite geopolítico que impedía la construcción del “Gran Israel”.

Hezbolá fue creado en 1982 en respuesta a la invasión israelí a Líbano e inspirado por la revolución iraní de 1979. El objetivo central de Hezbolá es, simple y llanamente, “destruir a Israel”. Nunca compartió la tesis de “dos estados” y, en ese sentido, se distanció de la OLP de Arafat y denunció los Acuerdos de Oslo. Sin embargo, Hezbolá es una de las fuerzas políticas más importantes del Líbano y opera una vasta red de servicios sociales que incluyen escuelas, hospitales, asistencia social, entre otras, y tiene representación parlamentaria en el Líbano; y su brazo militar es un vector importante en la región como lo demuestra la guerra con Israel y EEUU.

Entonces, uno de los ejes que explican la coyuntura de inicios de 2026 tiene que ver con Palestina, los territorios ocupados y la política de Israel de expulsar a todos los palestinos incluso a través del genocidio. No se puede entender la guerra de Israel y EEUU contra Irán sin Palestina como referencia central y sin el genocidio de Gaza.

En efecto, para entender el genocidio de Gaza, hay que indicar que el 7 de octubre de 2023 el movimiento Hamás que controla la franja de Gaza dirigió un ataque contra Israel asesinando, supuestamente, a más de mil personas, la mayoría civiles. Durante ese ataque, Hamás secuestró a 251 ciudadanos de Israel que fueron llevados a la franja de Gaza. Israel respondió con una intensa campaña de bombardeos e invadió Gaza el 27 de octubre. Esta fecha marca el inicio del genocidio de palestinos en Gaza.

Hasta diciembre de 2025 se había registrado en Gaza el asesinato de más de 70 mil personas por parte de Israel. La inmensa mayoría civiles y aproximadamente el 50% de ellos correspondía a niños y mujeres. El genocidio que Israel llevó adelante fue sistemático, intenso y escalar. Incluyó el bloqueo a la entrada de alimentos, la destrucción de la infraestructura civil, la destrucción de instalaciones sanitarias, el asesinato a médicos y enfermeras, el cometimiento de actos de abuso sexual y destrucción de sitios educativos, religiosos y culturales, entre otros. El genocidio en Gaza dejó más de 171 mil heridos y más de 21 mil niños discapacitados.

Fue tan brutal el horror del genocidio israelí en Gaza que en diciembre de 2023 el gobierno de Sudáfrica inició un procedimiento en la Corte Internacional de Justicia, invocando la Convención sobre el Genocidio. En enero de 2024, el tribunal internacional ordenó a Israel tomar todas las medidas a su alcance para prevenir la comisión de actos de genocidio que Israel se negó a cumplir.  

En mayo de 2024, el juez Khan de la Corte Penal Internacional solicitó órdenes de arresto en contra del primer ministro israelí Netanyahu y del ministro de Defensa, Yoav Gallant, acusados de ser responsables directos de crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos en Gaza.

El genocidio de Gaza dividió a la opinión pública mundial y debilitó drásticamente la imagen internacional de Israel y de sus autoridades políticas, en especial de su primer ministro Netanyahu. El gobierno norteamericano, de su parte, conjuntamente con varios gobiernos europeos, protegieron a Netanyahu y crearon una cobertura de inmunidad y de olvido con respecto a las acusaciones de genocidio lo que provocó el rechazo a estas maniobras por parte de muchos sectores sociales a escala global y contribuyó aún más al deterioro de la imagen de Israel.

Sin embargo, hay otro vector en esta coyuntura que es necesario referir. Es la Lista de Epstein. Se trata de una colección publicada parcialmente por las autoridades de justicia norteamericanas de millones de documentos, imágenes y mensajes de correos electrónicos que detallan las actividades de una red de pedofilia, abuso sexual, trata, e incluso sacrificios humanos, en especial de niños, llevados adelantes por el delincuente sexual Jeffrey Epstein y que involucran a muchos prominentes políticos de EEUU, de Europa y de otros países del mundo, así como a importantes empresarios, periodistas, deportistas, artistas y actores, entre otros.

En enero de 2026 se publicaron 3 millones de páginas de estos archivos de Epstein incluidos más de dos mil videos y 180 mil imágenes. Producto de estas publicaciones se han producido varios arrestos en Europa. Sin embargo, lo que más llama la atención y forma parte del debate mundial es la participación e involucramiento en estas redes criminales del Mosad, el servicio secreto de Israel. De hecho, existe la percepción de que la red de Epstein formaba parte de los engranajes de comprometimiento, chantaje y corrupción del Mosad para comprometer apoyos a las políticas expansionistas y militaristas de Israel.

Así, tanto la lista de Epstein como el genocidio de Gaza debilitaron profundamente la imagen de Israel y de Netanyahu, su primer ministro, pero también aquella de la clase política y empresarial de EEUU, Europa y otros países. Por eso, Israel cuenta con escasos apoyos en la comunidad global y ha tenido que gastar mucho en posicionamiento de su imagen a escala mundial, sin éxito por lo demás.

Sin embargo, la lista de Epstein también golpea la popularidad del presidente Trump que se ha visto salpicado por estas denuncias y ha sido acusado de pedofilia. A esto hay que sumar la falta de resultados en economía y la violencia en contra de su propia población por parte de la policía de migración, el ICE y el border patrol que le han restado popularidad. Entonces, hay la tendencia a interpretar la forma de asumir la política exterior de la administración Trump como una política de golpes de efecto para recuperar la credibilidad perdida y restaurar la popularidad, sobre todo cuando están próximas las elecciones.

Como puede advertirse, se trató de un escenario propicio para la presión de Israel y de Arabia Saudita, como luego lo aclararía el propio Trump, para que EEUU se comprometa de lleno en el ataque a Irán y, a partir de ahí, producir un cambio de régimen. Además, estaba el expediente del secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una operación militar de alta complejidad y de un resultado muy satisfactorio para la administración norteamericana y que se había producido el 3 de enero de 2026.

La ecuación, para Israel, era perfecta: con un cambio de régimen en Irán, podía liquidar a Hezbolá y podía ocupar totalmente la franja de Gaza y empezar el proyecto inmobiliario que el mismo Trump había anunciado que se construiría sobre las ruinas de Gaza. Sin Irán, Israel no tenía ningún contrapeso y podía ser el vector dirimente de Oriente Medio y la “Junta de Paz” creada por Trump y lanzada oficialmente en la reunión de Davos de 2026 y que cuenta con el entusiasmo apoyo de las petromonarquías del Golfo Pérsico, podría empezar a recaudar e invertir en Gaza.

Así, las movilizaciones sociales en contra del gobierno iraní, la crisis económica y la información de sus servicios secretos, amén del contexto internacional y los enormes recursos que Trump estaba recogiendo para su “Junta de Paz” para la reconstrucción de Gaza, le indicaban a Israel que era el momento perfecto para descabezar al gobierno de Irán e implantar un régimen títere. De hecho, habían ya pensado en el hijo de Sha Reza Pahlevi, como figura de recambio. Así, Israel eliminaba el único límite para su expansión en la región y podía terminar su tarea en Gaza desplazando o exterminando al resto de la población que aún sobrevivía en la franja, algo que podía hacerlo porque contaba con la complicidad de los gobiernos occidentales y al amparo de la “Junta de Paz” de Trump.

Es evidente que ni Israel ni EEUU pensaron en la complejidad que tienen los sistemas políticos de cualquier país del mundo y consideraron que de alguna manera un bombardeo que elimine a la cúpula del gobierno eran argumentos más que suficientes para lograr un cambio de régimen o suscitarlo. De hecho, Trump, en su explicación sobre este atentado, indicó al pueblo iraní que debían tomar esta oportunidad que solo aparece una vez en varias generaciones y salir a las calles y cambiar de gobierno.

Sin embargo, Israel y EEUU abrieron la caja de pandora. A dos horas del asesinato del máximo líder de Irán, la CGRI anunciaba ataques a todas las bases militares de EEUU en la región. En efecto, en Oriente Medio, está el Mando Central Estadounidense (CETCOM), con 14 bases en 12 países, entre las más destacas están la base aérea de Al Udeid en Qatar, que es la mayor base aérea de toda la región y cuartel general del CENTCOM; está también el centro de apoyo naval de Bahrein; la base aérea Ali Al Salem en Kuwait; la base aérea de Al Dhafra en Emiratos Árabes Unidos (EAU), la base área Príncipe Sultán en Arabia Saudí; el campamento Arifjan, en Kuwait, entre otras.

Casi todas ellas fueron atacadas inmediatamente por Irán. Para proteger a sus soldados y oficiales, el gobierno norteamericano trasladó a muchos de ellos a los hoteles de Dubai y Abu Dabi, entre las más importantes. Lo que nunca pensó ni el CETCOM ni Israel es que Irán atacaría incluso esos hoteles en donde se alojaban oficiales y miembros de la inteligencia norteamericana e israelí. Se trataba de una estrategia totalmente novedosa y sin referencia con conflictos anteriores.

La pregunta que se hacían en EEUU y en Israel, y en buena parte del mundo, es que si todo el alto mando del ejército había sido ejecutado en el ataque del 28 de febrero, entonces, ¿quién daba las órdenes? ¿Quién coordinaba todo? ¿En dónde estaba la cadena de mando? 

Esa pregunta fue respondida por la CGRI con un concepto militar hasta entonces desconocido y que alteraba las reglas de juego y todos los cálculos realizados: el mando por mosaico; es decir, una estructura descentralizada de mando y operación en donde cada jefe militar de una zona determinada tenía las capacidades de tomar decisiones militares en función de objetivos previamente establecidos. 

Se trataba de un concepto nuevo y que dejó sin ninguna utilidad la estrategia elaborada previamente por Israel y EEUU de que el descabezamiento de las autoridades militares conduciría a una desmovilización del ejército por la falta de cadena de mando. Ante esa estructura descentralizada de operación y mando, la decapitación del alto mando militar y político se revelaba como una estrategia totalmente irrelevante para sus objetivos políticos y militares.

Así, una decisión militar que aparentemente tenía opciones de provocar cambios sociales hacia un cambio de régimen en Irán se transformó por su forma y fondo, en una Yihad, en una guerra santa. Esto, en vez de debilitar al régimen de Irán, más bien lo fortalecía y permitía comprender que la CGRI se había preparado a conciencia para este escenario. Millones de iraníes manifestaron su ira, su indignación y su dolor por el asesinato de su máximo líder religioso y político y clamaban venganza. El régimen iraní, luego del ataque de Israel y EEUU, salió más fuerte que nunca y su legitimidad y apoyo crecían en la comunidad del islam, aún en los sectores sunitas. 

Eso nunca lo previó el Mosad. Pensó que sus fuentes de información y su infiltración profunda en el estado de Irán eran argumentos más que suficientes para pasar a la siguiente etapa, aquella del cambio de régimen. Pero el Mosad está lleno de agentes de inteligencia, no de politólogos, ni sociológos, ni historiadores. Es por eso que nunca pudieron prever que estaban provocando, en realidad, no el declive de Irán sino la ruina de Israel.

El ataque por parte del CGIR a todas las bases militares norteamericanas en la región como respuesta al crimen de su Ayatollah, tomaron por sorpresa a todos, incluyendo a EEUU. El mismo presidente Trump diría días más tarde que estaba sorprendido por la capacidad de respuesta de Irán y que nunca se había imaginado que Irán atacaría a todas las bases militares y, sobre todo, a países árabes; ni el Mosad ni la CIA nunca pudieron prever una respuesta de esa magnitud.

En los primeros cinco días, el CGRI no solo que atacó a todas las bases norteamericanas, sino que también atacó de manera intensa a Israel. En los primeros días lanzó más oleadas de ataques con drones y misiles a infraestructuras civiles y militares de Israel que durante la guerra de los 12 de días de junio de 2025. 

Hay, no obstante, otro vector en este conflicto y es la entrada en la guerra de Hezbolá. Así, Israel tiene un nuevo frente en el norte y tiene ahora que contenerlo. Sostener dos frentes es difícil y Hezbolá, además, viene con todo porque ha medido cuidadosamente el escenario bélico y sabe que este momento es diferente y muy propicio para sus objetivos. 

Hezbolá tiene algo que no tiene Irán: la capacidad de penetrar en territorio de Palestina ocupada y disputarlo militarmente con Israel. Conforme avance la guerra y se agote la capacidad militar de Israel, la guerra entrará en la lógica territorial y Hezbolá tiene mucha experiencia en eso y se convertirá en el elemento estratégico más importante de la guerra.

A la par del ataque con drones y misiles a las bases militares y a los intereses de EEUU en la región, Irán cerró el estrecho de Ormuz por donde pasa aproximadamente el 20% del tráfico mundial de petróleo. Las consecuencias de esta decisión fueron inmediatas. El precio del petróleo, para el 3 de marzo había subido de 73 a cerca de 80 USD y con tendencia a incrementarse por la incertidumbre de la guerra. Es una mala noticia económica para todos, pero, en especial, para la administración Trump que ya tenía problemas con la reactivación económica producto de la aplicación de aranceles a todos sus enemigos geopolíticos. Con un petróleo que se incrementa, el consumidor norteamericano tendrá que pagar más por combustibles y eso incrementará la inflación y reducirá su capacidad adquisitiva. Irán también ha bombardeado con misiles los centros de datos e investigación de corporaciones como Microsoft y Amazon y pone en riesgo las inversiones en Inteligencia Artificial.

Israel y EEUU ahora presionan a las petromonarquías del Golfo Pérsico para que declaren la guerra a Irán y se sumen a las ofensivas contra el país. Sin embargo, el único país que tiene capacidades militares para enfrentarse a Irán es Arabia Saudita. Arabia Saudita es una petromonarquía sunita y wahabita, es decir, es más radical en términos religiosos que la vertiente chiita de Irán. Arabia Saudita siempre ha tenido el apoyo de EEUU y ha sido un factor clave para la estabilidad política de Medio Oriente. El problema para Arabia Saudita es que es muy complicado atacar a Irán en un contexto de guerra santa, porque eso provocaría una convergencia entre sunitas y chiitas lo que abriría brechas en su propia gobernabilidad a futuro. Arabia Saudita es una monarquía absoluta, sin constitución formal ni parlamento, ni “Estado de derecho”. Ahí, la versión wahabita del Corán define el sistema jurídico bajo la denominada “Sharia”, y es difícil que esta petromonarquía quiera arriesgar sus propias condiciones de gobernabilidad.

Las otras petromonarquías son muy débiles tanto políticamente como militarmente. Una de las petromonarquías más estratégicas es Barein, porque en esa pequeña isla está la NSA (Naval Support Activity Bahrain), en donde se encuentra la sede del CETCOM y de la quinta flota de EEUU y otra petromonarquía clave son los Emiratos Árabes Unidos (EAU), en donde están Dubai y Abu Dabi, que no son solo ciudades decorativas del capitalismo sino centros de inteligencia y control político de la región. De ahí que Irán los haya considerado como blancos prioritarios de sus ataques.

Ahora bien, puede advertirse una diferencia entre la guerra de los doce días de junio de 2025, con la guerra de 2026 y tiene que ver con la radicalidad con la que la CGRI ha asumido su plan de ataque en 2026. Esto podría indicar que Irán se contuvo en junio de 2025 por el afán de moderación del Ayatollah Khamenei; pero esta posición de moderación esta vez ya no es compartida por los nuevos líderes de Irán y es probable que quieran ir hasta las últimas consecuencias y eso significa, para ellos, la destrucción completa de Israel. Para el CGRI, al parecer, no habría términos medios. Consideran que han sido traicionados porque mientras el Ayatollah confiaba en la buena voluntad de EEUU para llegar a acuerdos sobre el uso pacífico de la energía nuclear para Irán, EEUU e Israel estaban preparando su asesinato. Su desconfianza con cualquier mecanismo de negociación es radical y es una posición que se justifica porque, efectivamente, han sido traicionados varias veces por EEUU en plena mesa de negociaciones.

Para el CGRI el hecho de que el Ayatollah Khamenei haya sido asesinado en pleno Ramadán, le otorga, además una significación especial a su venganza, le da el carácter simbólico de, efectivamente, una guerra santa. Por tanto, es de prever que Israel, al ritmo de las continuas y masivas oleadas de ataques con drones y misiles por parte de Irán, pronto no tenga posibilidades de defensa y que su estrategia de involucrar a las petromonarquías contra Irán también fracase y tenga un frente norte abierto con Hezbolá que compromete efectivos y capacidades militares sobre el terreno. 

Ahora bien, hay una serie de argumentos, explicaciones e interpretaciones con respecto a la posición de Irán y de EEUU e Israel que es conveniente precisar de mejor manera. La primera de ellas tiene que ver con la duración del conflicto y con la forma de su posible terminación. La inmensa mayoría de interpretaciones indican que eso dependería de EEUU, pero una reflexión sobre la forma que asume esta guerra indica que, en realidad, eso sería una prerrogativa de Irán.

Se puede también evidenciar una distancia en la concepción y estrategia de guerra entre Israel y EEUU con respecto a Irán. Se interpreta esta guerra en términos tradicionales o estándar cuando se trata de un conflicto diferente y, lo peor, es que se toman decisiones militares sin entender la verdadera naturaleza de esta guerra. Así, se apuestan a las capacidades navales o aéreas como factores dirimentes. Pero eso, en este contexto, no necesariamente es real.

Por ejemplo, ¿De qué sirven los grandes superbombarderos B-2 norteamericanos en esta guerra? Pues, en nada. Su presencia o ausencia no altera en absoluto la geometría del conflicto. Israel y EEUU constantemente indican que tienen superioridad aérea total sobre Irán, pero en este contexto de guerra asimétrica y de tecno-guerrilla por misiles y drones, y en una geografía montañosa como la de Irán, ¿de qué sirve esa superioridad aérea? Pues, strictu sensu, de nada. De hecho, las defensas iraníes ya han derribado varios cazas F-15, considerados antes imbatibles.

EEUU e Israel, efectivamente, van a bombardear el país, provocarán masacres de civiles, destruirán infraestructuras claves, pero todo ello no alterará en lo más mínimo ni la forma de esta guerra ni su desenlace. Da la impresión de que tanto Israel como EEUU aún no entienden que esta guerra, que ellos provocaron, necesita nuevos marcos conceptuales. Israel y EEUU están prisioneros de un marco epistemológico del conflicto bélico que no corresponde a esta nueva realidad.

Irán, en esta guerra, está desarrollando una verdadera tecno-guerrilla de drones y misiles y bajo el concepto de enjambre. Y es normal que cambien de estrategia porque se enfrentan al ejército más poderoso del mundo con el cual es imposible combatir en términos tradicionales. Irán, a partir de su aprendizaje y experiencia de la guerra de los doce días del año 2025, lleva a la guerra a sus propias coordenadas. Convierte la guerra en una tecno-guerrilla con capacidad de golpes estratégicos a distancia por su capacidad en misiles y drones. En efecto, tiene una cantidad de ellos más que suficiente para sostener este tipo de ataques por mucho tiempo. Es un concepto de guerra diferente y novedoso para el cual se necesita otro tipo de preparación que, de lo que se advierte, ni Israel ni EEUU poseen.

Para que pueda comprenderse la disonancia conceptual entre EEUU, Israel e Irán. El concepto de “domo de acero” con el cual se protegen los cielos de Israel y de las bases militares de EEUU en la región, integra una densa red a varias capas de radares y mecanismos de seguimiento, con misiles altamente tecnificados que tienen la capacidad de “atrapar” a los misiles enemigos y hacerlos explotar antes de que lleguen a su destino. Es un concepto que tuvo su pertinencia en un momento determinado pero que es totalmente disfuncional ante la tecno-guerrilla de misiles y drones y el concepto de enjambre y de mando en mosaico. Por cada misil y dron de Irán que, además son de bajo costo, Israel y EEUU gastan, literalmente millones en interceptarlos. Irán puede reponerlos enseguida, EEUU tarda, literalmente, meses o años en hacerlo. La asimetría económica conduce a una ventaja militar en beneficio de Irán.

El concepto de “domo de acero” es pertinente y necesario cuando los ataques por misiles balísticos son puntuales, pero se convierte en irrelevante cuando esos ataques asumen la forma de “enjambre” bajo mandos descentralizados y es eso, precisamente, lo que hace Irán. Utiliza el concepto de “enjambre” en donde mezcla drones de bajo costo, misiles de hace varios años con misiles hipersónicos de última generación. El domo de acero no puede reaccionar al concepto de enjambre y, finalmente, se agota porque no puede discriminar entre un dron de bajo costo con un misil hipersónico. En poco tiempo, el ataque en enjambre por parte de Irán vacía todos los inventarios de misiles de alta tecnología y deja los cielos de Israel y de las bases militares de EEUU a merced de la tecno-guerrilla del CRGI.

Es precisamente por esto que el presidente Trump ha ordenado a las corporaciones contratistas del Pentágono, sobre todo a Lockheed Martin, triplicar la producción de misiles Patriot y ha destinado, al efecto, 50 mil millones de dólares. En una maniobra desesperada EEUU traslada misiles de intercepción que protegían Corea del Sur y Ucrania, para llevarlos al Medio Oriente. El problema está en que cuando Lockheed Martin empiece a entregar los primeros pedidos, la guerra, probablemente, haya terminado.

Lo mismo con el concepto israelí y norteamericano de bombardeos a las instalaciones militares y gubernamentales en Irán. En un contexto de una guerra más convencional estos bombardeos pueden ocasionar daños relevantes y romper las cadenas de logística, mando y operación; pero en el contexto de tecno-guerrilla por misiles y drones y mando por mosaico, esta estrategia no tiene ningún sentido. Israel y EEUU pueden bombardear lo que ellos consideran instalaciones militares, pero no comprenden que las verdaderas instalaciones militares están en una densa red de túneles en la región montañosa de Irán en donde ningún bombardeo puede ocasionar el más mínimo daño y que ha sido pacientemente construida durante, al menos, las tres últimas décadas.

En el contexto de tecno-guerrilla de misiles, drones y enjambre, el recurso más valioso son los radares, porque permiten visualizar los ataques de esa tecno-guerrilla y prevenirlos. Justamente por eso, lo primero que hizo Irán fue dejar a Israel y a EEUU sin capacidad de ver y percibir sus ataques de enjambre. Por eso atacó y puso fuera de funcionamiento a todo el sistema de radares que EEUU había construido en la región. Se trataba de un sistema altamente complejo y muy integrado entre sí y que compartía diferentes tareas entre las diversas bases militares que EEUU tenía en la región. Entonces, Irán, desde el primer momento, lo primero que hace es atacar a todo ese sistema de radares. Ahí puede entenderse la lógica por la cual Irán ataca a las bases militares y a los países que las alojan. Fue un ataque estratégico que solo puede entenderse desde la lógica de la tecno-guerrilla de drones, misiles y enjambre. Una vez desmantelado el sistema de radares, la tecno-guerrilla tiene vía libre para vaciar los misiles interceptores a través del ataque por enjambre y es eso exactamente lo que hace Irán.

En la concepción de guerra que ahora tiene Irán y que da cuenta de un estudio muy pormenorizado de la anterior guerra de los doce días de 2025, hay otro concepto que tampoco corresponde a la situación y es aquel de que Irán apuesta por una guerra de desgaste hasta que EEUU e Israel decidan declarar una victoria unilateral y retirarse de la batalla. En realidad, Irán más que al desgaste general apuesta más bien por el vaciamiento. Se trata, para Irán, de vaciar todas las existencias de misiles de interceptación de la manera más rápida posible para dejar los cielos libres para sus misiles. Una vez que Israel haya agotado sus misiles interceptores, Irán hará uso de sus misiles más potentes y de última tecnología para, literalmente, arrasar con el país y es lo que empieza a ocurrir conforme avanza el conflicto.

Para Irán se trata de una Yihad, una guerra santa que se justifica y legitima por el asesinato a su principal líder espiritual, político y militar, el Ayatolla Khamenei. No hay argumento alguno que pueda disuadir al CGRI de detener la batalla antes de eso. Por eso los argumentos de que Irán realiza varias maniobras para tratar de detener la guerra y obligar a EEUU e Israel a sentarse en la mesa de negociaciones no son, por el momento, plausibles, porque Irán tiene la ventaja estratégica y no la va a resignar tan fácilmente. Si la resigna, Irán está perdido como nación y como Estado y la CGRI lo sabe.

Ahora bien, EEUU e Israel aún no entienden ni asumen en su real dimensión lo que significa el concepto de Yihad y las consecuencias que tiene el haber asesinado a su Ayatollah. Se resisten a integrar el concepto de Yihad como vector político porque eso significaría, para ellos, asumir que cometieron un error garrafal al asesinar al Ayatollah Khamanei.

Ante ese escenario, Israel y EEUU tratan de recuperar la iniciativa estratégica e intentan incendiar el Golfo Pérsico y comprometer a otros países. Han llevado adelante varios ataques de falsa bandera para involucrar a Irán en un conflicto militar con países aliados como Turquía. También intentan abrir un frente interno en Irán y utilizan a los kurdos para hacerlo. Sin embargo, las petromonarquías se resisten a integrarse en un conflicto global porque ello desbarata su modelo de negocios. Más que Estados-nación son vitrinas decorativas del capitalismo tardío. Son ciudades de fantasía burguesa y consumo millonario que atrae a elites y millonarios de toda clase, de empresarios a narcotraficantes. Son Estados vitrina que se sustentan en el trabajo casi esclavo de migrantes sobre todo de Asia y África, y que no quieren perder los modelos de negocios que han construido y que se sustentan en la seguridad para los inversionistas. En realidad, son colonias de lujo de EEUU desde donde se controlaba toda la región y, fundamentalmente, a Irán.

Ahora esas petromonarquías saben que una alianza incondicional con EEUU ha demostrado ser más una amenaza que una oportunidad. El orden construido sobre una aparente seguridad se ha evaporado. Su gobernabilidad empieza a tambalear. Su apuesta por crear un capitalismo de decoración también se ha derrumbado. Entonces, salvo Arabia Saudita, el resto de petromonarquías de la región lo pensarán muchas veces antes de embarcarse en una aventura militar con EEUU e Israel y en contra de Irán.

Una vez que se hayan liberado los cielos de Israel de misiles interceptores e Irán pueda disparar sin obstáculos sus misiles más potentes, llega el turno de la ocupación territorial por parte de Hezbolá. La guerra pasa a su fase territorial. Esta vez Hezbolá puede tener la ayuda estratégica de Irán. Sería la primera vez que esto suceda y es un escenario para el cual no está preparado el FDI, es decir, el ejército israelí.

Si esto es así, entonces ¿cuál es la salida de Israel? Sin el “domo de acero”, sin capacidad de contener los ataques de enjambre de drones y misiles, sin sistemas de radares que los adviertan de esos ataques, sin legitimidad ante el resto del mundo por su genocidio con Gaza, sin recursos para defenderse de la tecno-guerrilla iraní, y sin que EEUU pueda hacer nada para evitarlo ¿qué hará Israel? 

Se trata de un contexto dramático y nunca antes pensado. Israel se había preparado para un enfrentamiento más tradicional, pero no para una tecno-guerrilla de drones, misiles y enjambre. No tiene tiempo para improvisar. Una vez que los cielos de Israel estén abiertos, Irán va a devastar al país e Israel lo sabe. Israel considera que, ante ese escenario, cada vez más plausible, tendría una sola salida: usar su armamento nuclear táctico contra Irán.

Es la escalada más radical y que pone a la guerra en otro nivel. Nunca antes ninguna potencia nuclear había recurrido a su armamento nuclear y siempre lo había utilizado desde una heurística del miedo. Pero Israel sabe que tiene las manos libres para actuar de mejor manera a sus intereses. Si la humanidad le perdonó o, en todo caso, no hizo nada por detener el genocidio de Gaza, entonces ¿por qué habrían de detenerlo ahora cuando use armamento nuclear táctico contra su enemigo más importante? Si está en juego la existencia misma de Israel, ¿no justifica acaso ese escenario su decisión?

La cuestión es que, en el supuesto no consentido que utilice armamento nuclear táctico contra Irán, y de que Irán no riposte en los mismos términos, se trata de un país tan vasto y con una estructura de mando descentralizada en forma de mosaico que, aún este recurso extremo no sea militarmente de ninguna utilidad para Israel. Es decir, un ataque nuclear a Irán no va a detener las oleadas de drones y misiles, así como tampoco va a detener a Hezbolá, todo lo contrario, les daría más razones aún para avanzar sin detenerse y abriría la posibilidad de que Irán bombardee las instalaciones nucleares de Israel. 

Ni EEUU ni Israel saben a ciencia cierta en dónde Irán oculta los misiles ni tampoco cuál es la actual cadena de mando del CGRI, así que un ataque nuclear táctico a Irán no cambia el sentido de la guerra y su desenlace. Solo producirá la mayor masacre a civiles de todo el siglo XXI, con la indignación mundial que puede desencadenar y el riesgo de escalada nuclear que ponga en riesgo a toda la humanidad y la pérdida total de toda legitimidad y todo apoyo social a Israel.

Netanyahu, por diversas razones, finalmente condujo a Israel al abismo. No hay manera de que pueda salvarse. Por lo pronto, no hay forma de que pueda derrotar a Irán. Ahora el CGRI sabe que, por vez primera en mucho tiempo, tiene la opción de destruir a Israel y está determinado a hacerlo. El CGRI sabe que tiene por delante aún mucho camino. No va a aceptar ninguna propuesta de negociación por parte de EEUU y, peor aún por parte de Israel, por eso la terminación del conflicto no depende ni de Israel ni de EEUU, depende exclusivamente de Irán. 

Es un escenario catastrófico para Israel. Vive sus momentos más dramáticos. El genocidio de Gaza le quitó toda legitimidad a su historia y todo respaldo a cualquiera que sea su proyecto político. La humanidad nunca olvidará ese genocidio y reclama justicia. Por eso, cada ataque contra Israel suscita tanta adhesión a escala global. La lista de Epstein y su relación con el Mosad israelí también conspiran contra su legitimidad y credibilidad como país y sociedad. Es por ello que un colapso de Israel será sentido por la humanidad con un respiro de alivio. Es quizá la apuesta inconsciente o quizá consciente de muchos sectores, de que el núcleo de la violencia del mundo y su maldad se condensa en un solo estado, Israel.

Sin embargo, hay otra cuestión clave: ¿Tiene posibilidades EEUU de reinstalar y reconstruir sus bases militares en la región? ¿Aceptarán ahora las petromonarquías del Golfo Pérsico tranquilamente que EEUU haga lo que quiera en sus territorios? Lo más probable es que se trate de un punto de no retorno. EEUU acaba de perder quizá de manera permanente sus principales bases en la región y los apoyos geopolíticos necesarios. Volver a instalarlas le costará muchísimo esfuerzo no solo económico sino político. De esta forma, toda esa compleja y densa articulación de complicidades de las petromonarquías, de bases militares y de redes logísticas, volaron por los aires. EEUU ha perdido no solo sus bases sino su presencia en una de las regiones más difíciles y complejas del mundo. No sería una pérdida ocasional, sería permanente.

La Administración Trump tiene también prioridades. Tiene que hacer hasta lo imposible para impedir que los demócratas ganen las elecciones de noviembre. Si eso pasa, los días de Trump estarían contados. Necesita una victoria militar, aunque sea de cartón piedra. Necesita un simulacro, cualquiera que le dé oportunidades. Así de desgarrador, de terrible es el escenario que Trump propone al mundo. Pero esperemos que solo sea eso, un escenario y que el sistema político norteamericano y la sociedad civil norteamericana reaccionen y pongan freno a la locura belicista de Trump y su administración, y que las exigencias mundiales por la paz se impongan a la insensatez de la guerra.